lunes, 28 de diciembre de 2009

¿Economía sostenible?

Está de moda lo de la sostenibilidad. Hasta la economía tiene que ser sostenible. Pretender implantar un nuevo modelo productivo a golpe de leyes es una chorrada como un piano, por eso el Gobierno ni lo ha intentado y la famosa Ley de Economía Sostenible se ha quedado en un conjunto de reformas de rango menor y de poco calado social. Lo han hecho porque realmente no había mucho más que pudieran hacer.

La sosteniblidad, entendiendo como tal un sistema económico que pueda perpetuarse en el tiempo, se consigue por acuerdo, no por decreto. Es imposible cambiar el modelo productivo sin un profundo cambio social y cultural a todos los niveles, desde las empresas a cada ciudadano.

 Sostenibilidad implica el uso racional de los recursos y la búsqueda del mínimo impacto ambiental en todas y cada una de nuestras actividades, no sólo en las que nos convienen a nosotros. Qué decir de las empresas, que si invierten en sostenibilidad es o bien porque no tienen más remedio o por pura estrategia de marketing.

Sin embargo, los gobiernos han permitido que sean las empresas las que se hayan apropiado del concepto de "sostenibilidad", al menos en los mensajes que el ciudadano recibe sobre el tema, que mayoritariamente corresponden al sector privado.

De todos modos, en una economía global es imposible implantar un sistema realmente sostenible sólo en un país. O cambiamos el modelo económico y suprimimos la especulación, que está en el origen de nuestro sistema económico vigente desde hace al menos dos siglos,  o cualquier reforma será un mero parche.

Por supuesto que el país necesita abandonar la cultura del ladrillo. Pero debajo de eso está algo mucho más arraigado: la cultura de la especulación. Y ésa, con ladrillo o sin él, seguirá existiendo mientras haya personas avariciosas que la alimenten. Realmente no se me ocurre ninguna forma de economía sostenible compatible con nuestro modo de vida. Hace falta un cambio profundo de los valores sociales ( y de los personales de cada uno) para que comprendamos la magnitud de la tarea que no tenemos más remedio que realizar si queremos seguir sobre la faz de la Tierra en 100 años. Y eso, con cosmética y marketing no se arregla.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Oportunidad perdida

Se ha armado la gorda, como era de esperar, con la ocurrencia de incluir en la futura ley de "economía sostenible" (que más bien debería llamarse "ley cajón de sastre para que parezca que hacemos algo") de la posibilidad de desactivar webs en las que se facilite el acceso a contenido protegido por derechos de autor sin la intervención de un juez.

El problema con la industria del entretenimiento y la información no es nuevo en realidad. Ha pasado algo similar en todos y cada uno de los sectores que han tenido que reconvertirse. Los empresarios no han sabido o no han querido hacerlo, y la solución fácil ha sido cerrar y mandar a la gente al paro. Me gustaría que quedara claro que  no soy de los que dicen que la cultura es gratuita y que los derechos de autor no existen. Creo que los autores tienen todo el derecho del mundo a cobrar por su trabajo, y a decidir cuánto y cómo quieren cobrar. Sin embargo, creo que las multinacionales discográficas y las grandes productoras audiovisuales les están utilizando para tratar de mantener un modelo de negocio que agoniza. ¿De verdad piensan que si consiguieran cerrar todas y cada una de las páginas de intercambio, descarga o streaming, los cines se iban a volver a llenar y los CDs volverían a venderse como churros? Quieren obligar a los usuarios a comprar un CD, meterlo en su ordenador, convertirlo a MP3 y luego cargárselo en su iPod porque se niegan a reconocer que ese sistema de distribución ya no es válido para la mayoría de la gente. Por supuesto que habrá gente que siga comprando CDs, igual que ahora hay todo un movimiento de recuperación de la edición en vinilo porque a muchos les gusta su particular sonoridad, pero no se puede remar contra corriente.

La cuestión es que la solución está inventada (véase Spotify, como uno de cientos de ejemplos), pero o los responsables de marketing de estas empresas son idiotas o están cagados de miedo de que en el proceso de reconversión su cabeza salga volando. Internet es un canal nuevo de comunicación que requiere adaptación. No es verdad que en Internet todo sea gratis, sino que proporciona al usuario la capacidad de elegir lo que quiere ver, leer o escuchar. Quizá eso suponga el final de los "discos" tal y como los conocemos, quizá las películas tengan que grabarse directamente en video digital, pero sea como sea tendrán que pasar por el aro, ya que es una demanda masiva de los consumidores. Por mucho que quieran, no podrán obligar a los consumidores a hacerlo de la manera que ellos quieran. Ésa es la revolución de internet: los responsables de marketing están tan acostumbrados a manipular a los consumidores como quieren que cuando un medio se les resiste, en lugar de adaptarse intentan pelear contra él. Que no se enteran.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Educación para la ciudadanía y diseño inteligente, o cómo colar la religión en las aulas.

Aunque es una polémica ya vieja y manoseada, viendo hoy un reportaje sobre la "teoría del diseño inteligente" me he puesto a pensare Es curioso cómo, con el paso del tiempo, la religión se va radicalizando en el fondo al tiempo que se moderniza en la envoltura. No deja de ser una paradoja que la separación entre la Iglesia y el Estado, hoy un paradigma de la libertad, tuviera su origen en grupos puritanos que buscaban alejarse de la que ellos consideraban corrupta iglesia oficial. Esa idea de "libertad para poder ser radical" cuajó en los países protestantes europeos y está en la raíz que dio origen a los Estados Unidos de América, fundados por sectas puritanas expulsadas de la anglicana Inglaterra por oponerse a la Iglesia creada por Enrique VIII que colocaba al rey como cabeza visible. Lo que en su día fue consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución americana y se considera hoy paradigma de la libertad, fue en realidad una forma de defender a grupos radicales minoritarios.

Paradojas aparte, la polémica de los últimos años sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), es sospechosamente parecida a la polémica de hace unos años (y que aún perdura) sobre la enseñanza del creacionismo (bajo el disfraz de la teoría pseudocientífica del "diseño intelgente") en la clase de ciencias de los colegios norteamericanos.

En el fondo, es el mismo esquema del que hablaba al principio se repite aquí: se reclama libertad para poder cercenar la libertad y colar de rondón, en nombre de la "libertad de conciencia" una serie de preceptos religiosos en las aulas. El "diseño inteligente", sostenido por un puñado de científicos disidentes ávidos de polémica para vender libros, va en contra de la gran mayoría de pruebas científicas que avalan la teoría de la evolución. El problema para los defensores del creacionismo no es que la evolución tenga lagunas, sino que no aceptan que el hombre sea fruto de la evolución, dado que la Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Partir de un precepto religioso, de una palabra "revelada" cuya comprensión sólo es posible a través de la fe, no puede considerarse científico en modo alguno. Despreciar las pruebas empíricas porque "no cuadran" con la verdad revelada, por muy disfrazado de ciencia que venga, va contra los fundamentos del propio método científico.

Lo mismo sucede con EpC. Si leemos el temario de la asignatura, todavía nos asomobrará más que la enseñanza de preceptos básicos de la constitución y el funcionamiento de las leyes, junto con principios básicos de interacción en sociedad como la solidaridad, la tolerancia y el respeto a los demás, puedan ofender los principios morales de nadie. Pero la religión  no es la portavoz de la moral universal, sino de una moral particular y revelada por Dios.Con pretensiones universales, eso sí.

 EpC se basa, simplemente, en las leyes aprobadas por el Parlamento para enseñar lo que está bien y lo que está mal, dado que esa es la única moral común que puede aplicarse. El problema es que la religión católica no acepta la moralidad de leyes como la del aborto o el matrimonio gay. Son esos dos puntos los que tanto rechazo generan entre los radicales cristianos. La cuestión es que, les guste o no, son preceptos legales, y los niños cuando crezcan tendrán que convivir con esas leyes. Como hay padres que no lo aceptan, no dudan en envolverse en la bandera de la libertad de conciencia para condenar esa asignatura por "invadir el ámbito educativo de las familias". Siguiendo el mismo razonamiento, los mafiosos podrían demandar al Estado por enseñar en las escuelas que robar, asesinar y extorsionar está mal. Es decir, esos padres tan cristianos quieren ser libres para enseñarles a sus hijos que algunas leyes están mal ( de lo que se deduce que no deben cumplirse). Por supuesto, al mismo tiempo defienden que la religión católica siga siendo una asignatura (optativa, pero asignatura) en los planes de estudios en la enseñanza pública. ¿Acaso no es la enseñanza de la religión algo que también pertenece "al ámbito educativo de las familias"?

En ambos casos, creacionismo y EpC, son los motivos religiosos subyacentes los que originan toda la polémica y las demandas judiciales. El puritanismo vuelve por sus fueros: apelan a la libertad, ésa que ellos no practican dentro de sus grupos porque a Dios no se le puede discutir ni interpretar, como un elemento para defender su radicalismo. Eso sí, cuando ellos estaban en el gobierno, no les tembló el pulso para aplastar y prohibir cualquier otra moral que no fuera la suya. Libertad sí, pero no por mi casa.

Como parece que es una batalla que tienen perdida, ahora contraatacan con el tema de la retirada de los crucifijos de las aulas, con el argumento de que "no molestan a nadie". ¿No es molesto y negativo para los niños que sus aulas estén presididas por una figura humana moribunda, ensangrentada y horriblemente torturada clavada a una cruz? A mí, personalmente, era una imagen que siempre me dio miedo de pequeño. Cuando mi marido y nos quedamos a dormir en casa de mi madre ella nos cede su cama de matrimonio, presidida por un crucifijo bastante grande. Aún hoy me parece terrorífico que lo primero que ves al despertarte es una cara ensangrentada, colgando de una cruz colgada de la pared y que mira hacia abajo. Decimos que las imágenes violentas no son buenas para los niños, pero parece que las imágenes religiosas están a salvo de todas las leyes y todos los preceptos que no sean los suyos propios.

jueves, 26 de noviembre de 2009

¿Estrategia?

Todos tenemos personas a las que admiramos. Bien sea por su carácter, por su claridad de ideas, por los logros que consiguen, todos tenemos referentes a los que nos gustaría parecernos. Decimos (y con razón) de ellos que son personas que saben lo que quieren, que conocen su lugar en el mundo, que tienen ambiciones y objetivos y pelean por conseguirlos y que no se dejan aplastar por las adversidades. Personas, en definitiva, capaces de hacer avanzar la sociedad en la que viven.

 Algunos adorarán a Jesucristo y le llamarán Dios, otros venerarán a Isaac Newton o a Albert Einstein, o a Gandhi o a Bill Gates... hay cientos, miles de referentes. Incluso les erigimos estatuas, celebramos fiestas en su memoria y animamos a nuestros hijos a imitarles.

Hagamos un ejercicio mental: Cambiemos en el primer párrafo anterior la palabra "personas" por "empresas". No cambia mucho, ¿verdad?. Sólo que ya es más difícil citar varios modelos a imitar. Vale. Hagamos ahora el cambio por "países"...¿Se nos ocurre algún nombre? Uno, dos a lo sumo.

Si tenemos claro lo que resulta admirable de una persona y la convierte en referente, ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo mismo cuando en lugar de un único individuo pensamos en una colectividad?

Admiramos a las personas que desarrollan una estrategia. Tener objetivos claros no es más que eso. La capacidad de pensar a medio y largo plazo y de perseguir un ideal, de moverse según una escala de valores. El problema viene cuando pasamos del individuo a lo colectivo. Entonces hay que llegar a acuerdos, buscar puntos en común y objetivos comunes. Sin embargo, ¿no existe ni un sólo objetivo colectivo que tengamos en común, como empresa o como sociedad? ¿No nos enfrentamos, en ambos casos, a retos y desafíos trascendentales? ¿Por qué no somos capaces de pensar colectivamente ni siquiera a medio plazo?

El valor fundamental de la sociedad "occidental" es la especulación. Pensamos a corto plazo. Soñamos, como colectivo, a corto plazo. Ningún líder, ni empresarial ni político, se atreve a plantear objetivos a más allá de 5 o como mucho 10 años vista. Eso no es suficiente cuando vamos a necesitar más tiempo para resolver problemas graves como la desigualdad entre ricos y pobres. Ni siquiera la posibilidad creciente de que estemos cambiando nuestro planeta irreversiblemente y para peor nos moviliza. Al contrario, las acciones que emprendemos para afrontar el problema son también, de algún modo, especulativas. Creemos que con cambiar las bombillas por otras de bajo consumo y usar bolsas reutilizables para hacer la compra ya hacemos  algo. Sin duda es una contribución, pero no es suficiente. Nos enfrentamos al reto trascendental de decidir qué tipo de mundo queremos legar a nuestros hijos y nuestros nietos, y sin embargo no somos capaces de tomar decisiones. Los políticos porque son incapaces de pensar más allá de las próximas elecciones. Los empresarios porque son incapaces de pensar más allá del año que viene (y eso en el mejor de los casos).

¿Hay lugar para la esperanza, o dejaremos que la civilización que hemos construido se marchite por nuestra miopía social?

Yo creo que sí hay esperanzas de cambio, pero desde luego ese cambio será de abajo arriba, y no al revés. Tendremos que ser nosotros los que impulsemos los cambios. Internet es una poderosísima herramienta para ello. Por primera vez en la historia hay un medio global de comunicación persona a persona, sin filtros, y lo que es más importante, que escapa de las censuras y el control político. Por supuesto, están intentando vendernos que Internet es el reino del corto plazo y la inmediatez, pero también podemos usarlo para que se extienda la conciencia colectiva sobre lo que tenemos que hacer hoy, y de forma urgente, para que exista un mañana digno de ser llamado como tal.

Podemos poner nuestros valores en común. Podemos marcarnos objetivos y asegurarnos de que se cumplen. Podemos cambiar las cosas, todavía. La semilla está plantada, sólo hay que regarla.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Democracia 2.0

Cada día nos desayunamos con un nuevo escándalo de corrupción política. La burbuja inmobiliaria y la consiguiente facilidad para "crear" dinero a partir de la nada con unas cuantas recalificaciones de terrenos, el abuso de poder, el acceso a la política de personas que no tienen ninguna intención de servir a nadie más que a sí mismos o a sus amiguetes son algunas de las causas que están detrás de todo esto. Sin embargo, no pretendo hacer aquí un análisis de las causas, sino de las devastadoras consecuencias de la corrupción política.

La principal y más grave de estas consecuencias es el desencanto de los ciudadanos por la política. Hablar de política se considera "un coñazo" para mucha gente, y la frase "todos los polìticos son iguales" es la norma habitual con la que nos referimos a este tema. Al final la gente ha cambiado sus motivaciones de voto, cosa asumida por los propios partidos, que nos venden una imagen "presidencialista" de los candidatos para que votemos a una persona y no a un programa o unas siglas. La gente ya no vota por ideología, sino por miedo, porque tal o cual candidato me cae mejor o utilizando los argumentos (casi siempre falaces) que los entramados político-mediáticos nos sirven como ideología de usar y tirar. ¿Quién se acuerda de las promesas o de las acusaciones de unos y otros hace un año?

Recuerdo la época en la que el debate sobre el estado de la nación era un verdadero acontecimiento público seguido en directo por TV o por radio por millones de personas. Hoy para lo único que nos interesa es para saber quién ha ganado,  como si el objetivo de dicho debate fuera derrotar al adversario y no explicarnos, tanto gobierno como oposición, lo que piensan hacer en los próximos 12 meses.

Como resultado, la política se ha convertido en carnaza para los hooligans. Si escuchamos el discurso de los dos principales partidos, vemos que son calcaditos: para ambos el partido adversario es un nido de corrupción, falsedad, mentiras, planes secretos y conspiraciones para acumular más poder. No hay un sólo día en que el portavoz del PSOE no acuse a alguien del PP de mentir, y viceversa, hasta el punto (yo creo que buscado y premeditado) de que ya no somos capaces de discernir cuándo nos dicen la verdad y cuándo nos mienten.

Yo creo que ya está bien. Ya vale de seguir con un sistema político y electoral del siglo XIX. Ya vale de darles carta blanca a los gobiernos cada 4 años para que hagan o deshagan como quieran. Hay recursos tecnológicos suficientes para que el sistema cambie y adjudique más capacidad de participación y decisión en los grandes temas al pueblo para el que supuestamente se está gobernando. Todos esos conflictos que ocupan páginas y páginas de información sobre la ley del aborto, los presupuestos del Estado, la renovación del Tribunal Constitucional y otros muchos, ¿no se resolverían si nos dieran la palabra? Si podemos presentar la declaración de la renta o realizar transferencias bancarias por internet, ¿por qué no podemos votar también? Y ya puestos, no veo por qué no podría hacerse con más frecuencia, hacernos participar a todos en las decisiones. No hablo de gobernar a golpe de encuesta, sino de articular un sistema seguro y que garantice el acceso universal, confidencial y seguro a mecanismos de votación que nos permitan decidir en qué queremos que se hagan grandes inversiones, tanto en nuestra ciudad como en la comunidad autónoma o el estado. Ya que los políticos han demostrado que el poder corrompe a cualquiera, quitémosles parte de ese poder convirtiéndoles en gestores de las decisiones del día a día, pero obligándoles a tomar decisiones teniendo en cuenta, de verdad, la opinión de los votantes. Hay medios de sobra, pero dudo que haya la más mínima voluntad política de hacerlo.

martes, 20 de octubre de 2009

La monja conspiranoica

Ya está. Ya se ha descubierto el pastel. Y ha sido, ni más ni menos, que una monja. En estos días corre como la pólvora por internet un vídeo de Teresa Forcades, monja de un monasterio catalán y doctora en medicina. En este vídeo aparece esta señora con su hábito de monja contándonos la conspiración mundial que se ha montado entre las mutlinacionales farmacéuticas, la OMS, la ONU y los gobiernos para que las susodichas multinacionales se forren a cuenta de la gripe A. De paso, la monja deja caer, en medio de un larguísimo discurso, insinuaciones sobre cosas como que la vacuna de la gripe que se va a distribuir es potencialmente mortal, que la pandemia de gripe A no es tal sino que ha sido más o menos "inventada" y, leyendo un poco entre líneas, se desliza el mensaje de que el propio virus de la gripe A puede haber sido "liberado" por los laboratorios  (esto no lo dice abiertamente, pero en varios momentos lo deja entrever) aludiendo a que hay muchas "casualidades" que a ella le parecen muy raras. Por si fuera poco, nos alerta sobre una supuesta campaña masiva de vacunación obligatoria de toda la población.

Como el caldo de cultivo del miedo, gracias a la histeria colectiva y al sensacionalismo de los medios de comunicación entre otras cosas, ya estaba preparado, el vídeo de la monja de marras ha encontrado justo lo que buscaba: publicidad.

Es curioso cómo tenemos un profundo espíritu crítico con todas las afirmaciones que provienen de fuentes "oficiales", pero cuando viene alguien que de forma supuestamente desinteresada hace gravísimas afirmaciones, nos lo creemos a pie juntillas y sin contrastar sus afirmaciones con otros técnicos o expertos en el tema. Como siempre, nos resulta más fácil creer una supuesta conspiración universal de los gobiernos y las compañías farmacéuticas que paradójicamente se ha mantenido oculta a los ojos de los millones de profesionales sanitarios, médicos de los hospitales, trabajadores de las compañías, laboratorios de investigación de universidades... ¡y que ha sido desenmascarada por una monja, basándose en las informaciones de una reportera austríaca!

Cada uno es libre de opinar lo que quiera. No seré yo quien defienda la ética de los ejecutivos de las farmacéuticas, que evidentemente buscan maximizar sus beneficios como cualquier otra compañía. Pero me niego a no decir algo en favor de la ética de los científicos que están detrás del descubrimiento de la nueva cepa del virus y de la necesidad de sistemas de alerta mundial. Fue gracias a la OMS y a su rápida intervención presionando al gobierno chino y a los países del sureste asiático que la epidemia de gripe aviar H5N1 no se convirtió en una pandemia de consecuencias impredecibles. Es gracias a la OMS y a sus sistemas de alerta que brotes de virus tan mortales como el Ébola no se extienden mucho más. Es gracias a los investigadores de los laboratorios de todo el mundo que hemos sido capaces de identificar al nuevo virus de la gripe A en un tiempo récord. Lo que luego hagan los políticos y los ejecutivos de las farmacéuticas a la hora de comercializar esos avances es otra cuestión, pero antes de creernos todo lo que nos digan habría que verificar las fuentes y contrastar las opiniones con las de otros expertos.

Lo de la monja sería meramente anecdótico si no se hubiera convertido en una epidemia por las redes sociales de internet. En los últimos 15 días, justo cuando estaba en casa con la gripe, probablemente A (sí, y estoy vivo) he recibido el susodicho vídeo al menos 20 veces. Mucha gente se lo ha creído a pie juntillas, pero el vídeo tiene cierto tufillo de manipulación interesada. Me explico:

- Creemos lo que dice la monja porque utiliza argumentos científicos que son díficiles de contrastar para un no experto y es doctora en medicina. Además, ella misma dice que hizo la especialidad en Estados Unidos. Todo pensado para reforzar su "autoridad" científica en la materia.

-Creemos lo que dice la monja porque es monja. Da igual que no estemos de acuerdo con la iglesia católica. Las monjas (a diferencia de los curas) tienen un plus de "bondad" en el imaginario colectivo. ¿Cómo nos iba a mentir una monja?.

¿Qué gana la monja con esto? Publicidad. Para ella, a la que seguro habrán invitado a más de un programa de TV, y para su monasterio, que probablemente habrá visto sustancialmente incrementadas las donaciones que recibe. Marketing viral: anunciar un producto hablando de otra cosa que sabemos que va a pasar de boca a oreja. Ah! y de rebote la iglesia se frota las manos al ver reforzada su imagen de guardiana del bienestar de su rebaño.

En fin, que hay razones de sobra para, por lo menos, buscar más fuentes de información antes de decidir si vais a vacunar a vuestros hijos o no. Yo, desde luego, creo que el mejor consejo es el del pediatra o médico de confianza, por encima de lo que diga una avalancha de monjas, querubines y serafines.

martes, 15 de septiembre de 2009

Al pie de la letra.

Somos seres religiosos, en el fondo. Nos gusta hacer profesión de fe a la primera oportunidad que se nos presenta. El mercado, las empresas, la comunicación son nuestros nuevos dioses. "No hay más Dios que la Web, y yo soy su profeta", claman todos los días desde los blogs cientos, miles, probablemente millones de sacerdotes de esta nueva religión en la que todos estamos metidos.
Estos nuevos profetas nuestros son casi igualitos que los profetas antiguos: cada dios tiene el suyo (o varios) que insiste en que él ha sido agraciado con la revelación divina y, por supuesto, el resto de profetas de otras religiones están equivocados.
¿Qué hacer ante semejante panorama? Si hacemos caso de lo que todos los gurús dicen que hay que hacer, no podríamos dedicarnos a otra cosa. Hay decálogos y listas de reglas para todo: "Las 22 reglas inmutables (toma ya!) del marketing", "Los 10 pasos para alcanzar el éxito en la empresa", "Decálogo de la innovación", "14 pasos para ser alguien en la Web".... Además, como no coinciden en todo, uno no sabe bien a qué carta quedarse.
Como siempre, interpretar como verdades inmutables las opiniones de un experto es algo que, probablemente, ni el propio experto que las escribió pretendía. Uno hace una lista o decálogo a modo de resumen de una manera de pensar o de enfocar los negocios o la comunicación, con toda la buena voluntad del mundo... y en pocos meses se encuentra, si esas ideas cuajan, con que tiene una legión de seguidores que se dedican a eso, seguir al pie de la letra, casi palabra por palabra, lo que creen que es una infalible receta de éxito. Es algo tan absurdo como pretender vivir como Don Quijote, creer que lo que dice el Génesis es literalmente cierto y no una metáfora o, tras leer Moby Dick, enrolarnos en un ballenero.
¿Significa eso que no hay que hacerles caso? Tampoco, ni mucho menos. Si creemos que hay sabiduría en algo que leemos, sea un blog, un manual de marketing o Moby Dick (que sería un enorme manual de habilidades directivas, por cierto), lo que debemos hacer en lugar de lanzarnos alegremente a seguir los pasos del profeta, es reflexionar. Pensar, vamos. Parece que en esta cultura global del "dámelo hecho, dámelo ahora y mañana dame otro" queremos dedicarnos a consumir pensamientos precocinados. El buen cocinero no es el que se compra un libro de recetas y sigue milimétricamente las instrucciones aunque no haya cocinado nunca antes. Ese camino lleva directamente al fracaso (y a la llamada a Telepizza) y lo que es peor, a la desilusión. A cocinar se aprende friendo huevos y cociendo patatas, y a partir de ahí se desarrolla la intuición que permite entender una receta e interpretarla según nuestro gusto o experiencia. Lo mismo sucede con los manuales de la web 2.0. o el e-marketing. Aprendamos primero los pasos básicos de la comunicación a secas, del marketing a secas, de la gestión y el liderazgo, desarrollemos la intuición y usemos los manuales para enriquecernos, no para convertirnos en talibanes.