El crecimiento económico y todo nuestro sistema de vida se basa en el aumento constante del consumo energético. El consumo energético en España creció hasta 2008 a un ritmo superior al 3% anual, alcanzando un incremento del 60% entre 1990 y 2003. La crisis ha hecho descender levemente el consumo eléctrico, pero es de esperar que la recuperación económica suponga también el incremento de la demanda energética a niveles similares a los anteriores.
El despliegue de nuevas redes de transporte público (especialmente la red de AVE más grande del mundo), previsiblemente supondrá un incremento mucho mayor de la demanda de consumo eléctrico en los próximos años.
Estamos acostumbrados al uso de energía barata y constante. La sociedad de la información en la que vivimos no sería posible sin un suministro constante y eficaz de electricidad. Todo esto plantea una serie de problemas, algunos de muy difícil solución sin tomar medidas políticas radicales e impopulares. Veamos:
1. La demanda de electricidad, dado que estamos entrando en la curva descendente de la producción de petróleo, va a incrementarse todavía más conforme el coche eléctrico empiece a implantarse y generalizarse (algo que ocurrirá dentro de los próximos 10 a 15 años).
2. El desarrollo de las TIC exige que el suministro de electricidad esté garantizado y sea constante.
3. El calentamiento global y la radicalización esperable del clima incrementarán significativamente la demanda, tanto en invierno como en verano, y además puede dificultar seriamente el uso de algunas energías como la hidroeléctrica cuando se produzcan (que se producirán) largos periodos de sequía.
4. El progresivo agotamiento de los combustibles fósiles, su encarecimiento como consecuencia de ello y la necesidad de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, dificultarán mucho el establecimiento de nuevas centrales térmicas.
5. Producir toda la energía que necesitamos hoy en día a partir de fuentes renovables exclusivamente sólo es posible en teoría. Todas las fuentes de energía renovables, excepto la geotérmica y la biomasa (en ambos casos puramente testimoniales) fluctúan según las condiciones climatológicas. No hace viento siempre, ni desde luego cuando se necesita. No hace sol por la noche. No se han desarrollado sistemas eficientes para almacenar la energía sobrante que puede producirse de forma renovable y utilizarla cuando se necesite. Al menos, no hay ningún sistema de almacenamiento a gran escala.
6. A pesar de la progresiva mejora en la eficiencia de los aparatos eléctricos, nuestro consumo per cápita sigue creciendo, debido a que cada vez incorporamos más aparatos y sistemas eléctricos a nuestra vida diaria. Los grandes consumidores industriales no lo tienen tan fácil para mejorar su eficiencia, y además tienen el mismo problema: la demanda de los productos que fabrican crece de tal manera que literalmente se come cualquier ahorro fruto de la mejora en la eficiencia. Y esto no ha hecho más que empezar, ya que el petróleo va a empezar a ser sustituido como fuente de energía principal por la electricidad. Necesitamos el petróleo para la fabricación de plásticos y compuestos sintéticos imprescindibles para nuestra civilización, y no nos podemos permitir el lujo de quemarlo para obtener energía de él.
7. Sumémosle a esto el hecho de que las economías emergentes, principalmente China, India y Brasil, van a añadir unos 300 millones de personas de "clase media" en los próximos 10 años. Eso es un país como Estados Unidos, con el consumo de Estados Unidos, en una década.
8. El gas natural, que es la apuesta española para sustituir al petróleo, está en manos de estados tan "estables" como Argelia, Libia y Rusia. Ya hemos visto como a Rusia (el gran suministrador del resto de Europa) no le ha temblado el pulso para cerrar el grifo en pleno invierno por razones político-económicas. Por cierto, la célula islamista responsable de los atentados del 11-M en Madrid era argelina. Más o menos lo mismo que les pasa a los Estados Unidos con Arabia Saudí y el petróleo. Cada vez que ponemos en marcha la calefacción ,es posible que algunos euros de nuestra factura del gas se dediquen a financiar a los terroristas que van a seguir intentando volar el metro o los trenes de nuestras ciudades.
9. Las nucleares. En España estamos desmantelándolas, al tiempo que importamos electricidad de Francia, donde el 75% de la electricidad se produce en centrales nucleares. Evidentemente, las nucleares generan unos residuos costosísimos de manejar y de almacenar, son muy caras de construir y mantener y además el uranio no es renovable. Las nucleares podrían salvarnos la cara durante 50 o 60 años, y posiblemente serán, para nuestra desgracia, la opción que los gobiernos europeos acabarán presentándonos como la única viable.
La pregunta ante el panorama energético es: ¿No hay otra salida? ¿Estamos abocados a un sistema energético basado en la energía nuclear y con un porcentaje de renovables?
Probablemente no. Creo que puede haber un sistema mucho más democrático, que evidentemente implicaría algunos cambios en nuestra forma de vida: pasar de un sistema centralizado de generación eléctríca (unos pocos generan en instalaciones muy potentes y un sistema de distribución la lleva a todas partes) a un sistema distribuido, en el que la electricidad se genera en el mismo lugar en el que se va a consumir. Los sistemas solares y eólicos domésticos se han demostrado viables para proporcionar energía a un hogar medio usando baterías durante los periodos de menos producción. ¿Acaso no es concebible un sistema de producción eléctrica en el que cada comunidad de vecinos gestiona sus propios paneles solares, o en el que cada pueblo o ciudad gestiona sus aerogeneradores o centrales de biomasa? Quizá eso implique que tengamos que reducir significativamente nuestro consumo nocturno, pero podría ser viable. El problema: Las todopoderosas empresas eléctricas no están dispuestas a que les quiten a millones de clientes cautivos tan fácilmente. En la actualidad montarse una granja solar doméstica implica una cantidad de permisos, burocracias, papeleos y trabas legales más que desalentadores. No digamos si quiero montarme un aerogenerador en el tejado de mi edificio. Como siempre, es una cuestion de voluntad política, y como siempre, los ciudadanos nos ovidamos de que los políticos están ahí porque nosotros les hemos votado, y que somos nosotros, el pueblo, donde reside la soberanía. Habrá que esperar a que nos quieran montar una central nuclear en la puerta de cas para que espabilemos, al menos eso me temo.
Blog sobre marketing on y offline. A veces información, a veces opinión, a veces se me va la olla.
lunes, 12 de abril de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
La empresa y el sexo.
El sexo, entendido en el sentido más amplio de la palabra, es probablemente la fuerza más importante de nuestra naturaleza como seres humanos (y como animales). Nos hace aparcar nuestras creencias y nuestra ideología, nos induce a comportarnos bajo su influjo de formas que probablemente todos nos negamos a admitir. El sexo (que no el amor, que posiblemente es igual de fuerte pero nos hemos acostumbrado a reprimirlo mucho más) está en el origen de grandes batallas, de caída de reinos y de imperios, rige nuestras vidas aunque pretendamos evitarlo. Es el impulso más complejo, con motivaciones tan profundamente enterradas en nuestro cerebro animal que se escapan a nuestro control consciente.
Dicho esto, me pregunto por qué hay tan pocos análisis acerca de la influencia del sexo en los negocios. No es nada nuevo que los especialistas en marketing y publicidad utilizan veladas (y a veces explícitas) alusiones sexuales para incrementar las ventas de un producto. Hemos convertido determinados artículos (vestimenta, coche, incluso el ordenador o el teléfono móvil) en potentes reclamos sexuales. Se nos juzga por lo que poseemos en todos los aspectos de la vida, y evidentemente también en el sexual. Sin embargo, si dejamos aparte su uso como herramienta de marketing, no se analiza demasiado como influye en el comportamiento de las empresas. Veamos ejemplos.
El sexo está presente en todas las selecciones de personal. Por muchas herramientas imparciales de selección que se utilicen (cosa que en la inmensa mayoría de casos no sucede), al final, cuando nos quedan dos o tres candidatos en más o menos igualdad de condiciones, el 'sex appeal' de cada uno de ellos tiene mucho que decir, independientemente de si la persona que toma la decisión es hombre o mujer. ¿Por qué? Se me ocurren algunas razones:
-Porque la homosexualidad en los negocios también existe.
-Porque no queremos competidores/as en nuestro territorio.
-Porque la persona nos despierta nuestro instinto sexual.
-Porque, aunque tengamos pareja o no tengamos ninguna intención de intentar nada con esa persona, a todo el mundo le gusta alegrarse la vista en el trabajo.
Del mismo modo, el sexo está detrás de muchos despidos, de ruptura de equipos, de pérdidas de confianza, de ascensos injustificados...
El sexo forma parte de la relación diaria entre las personas que forman el equipo de la empresa, y puede afectar muy seriamente a la productividad si se convierte en una fuente de conflictos. Ahora está muy de moda "buscar la felicidad" de los trabajadores, incluso hay congresos sobre ello. Sin embargo, no conozco a ningún coach, consultor o empresa que se atreva a tocar el tema tabú: ¿Cómo maneja la empresa las tensiones sexuales entre sus trabajadores?
Muchas empresas tratan de resolverlo prohibiendo las relaciones explícitas entre trabajadores. Es decir, fuera de la oficina haz lo que quieras, pero si tienes un lío con alguien del trabajo tenéis que aparentar que no pasa nada. No se me ocurre nada más estúpido y a la vez inútil. Con eso lo único que vamos a conseguir es alimentar rumores y envidias entre el personal y crear situaciones embarazosas. Al final, todo el mundo sabe lo que se supone que nadie tiene que saber, lo cual es muy peligroso pues crea un "clima de rumores" que acaba con la comunicación y la transparencia y que acaba extendiéndose a otros ámbitos.
Hay que empezar a hablar de sexo en las empresas. Hay que empezar a reconocer que cuando un grupo de personas pasa juntas muchas horas al día, la chispa de la atracción física puede saltar. En lugar de una postura represora, la empresa debe tener una postura imparcial y facilitadora de la convivencia, asumiendo con naturalidad las relaciones que espontáneamente puedan surgir, fomentando su visibilidad y mejorando la confianza entre las personas. No hablo de invadir el ámbito privado de cada uno, sino de crear un clima en el que tener un rollete con un compañero o compañera de trabajo, sea o no del mismo nivel, no suponga un problema para toda la empresa. Lamentablemente, vistos los casos de acoso sexual en el trabajo que siguen apareciendo en la prensa, parece que nos falta mucho para eso.
Dicho esto, me pregunto por qué hay tan pocos análisis acerca de la influencia del sexo en los negocios. No es nada nuevo que los especialistas en marketing y publicidad utilizan veladas (y a veces explícitas) alusiones sexuales para incrementar las ventas de un producto. Hemos convertido determinados artículos (vestimenta, coche, incluso el ordenador o el teléfono móvil) en potentes reclamos sexuales. Se nos juzga por lo que poseemos en todos los aspectos de la vida, y evidentemente también en el sexual. Sin embargo, si dejamos aparte su uso como herramienta de marketing, no se analiza demasiado como influye en el comportamiento de las empresas. Veamos ejemplos.
El sexo está presente en todas las selecciones de personal. Por muchas herramientas imparciales de selección que se utilicen (cosa que en la inmensa mayoría de casos no sucede), al final, cuando nos quedan dos o tres candidatos en más o menos igualdad de condiciones, el 'sex appeal' de cada uno de ellos tiene mucho que decir, independientemente de si la persona que toma la decisión es hombre o mujer. ¿Por qué? Se me ocurren algunas razones:
-Porque la homosexualidad en los negocios también existe.
-Porque no queremos competidores/as en nuestro territorio.
-Porque la persona nos despierta nuestro instinto sexual.
-Porque, aunque tengamos pareja o no tengamos ninguna intención de intentar nada con esa persona, a todo el mundo le gusta alegrarse la vista en el trabajo.
Del mismo modo, el sexo está detrás de muchos despidos, de ruptura de equipos, de pérdidas de confianza, de ascensos injustificados...
El sexo forma parte de la relación diaria entre las personas que forman el equipo de la empresa, y puede afectar muy seriamente a la productividad si se convierte en una fuente de conflictos. Ahora está muy de moda "buscar la felicidad" de los trabajadores, incluso hay congresos sobre ello. Sin embargo, no conozco a ningún coach, consultor o empresa que se atreva a tocar el tema tabú: ¿Cómo maneja la empresa las tensiones sexuales entre sus trabajadores?
Muchas empresas tratan de resolverlo prohibiendo las relaciones explícitas entre trabajadores. Es decir, fuera de la oficina haz lo que quieras, pero si tienes un lío con alguien del trabajo tenéis que aparentar que no pasa nada. No se me ocurre nada más estúpido y a la vez inútil. Con eso lo único que vamos a conseguir es alimentar rumores y envidias entre el personal y crear situaciones embarazosas. Al final, todo el mundo sabe lo que se supone que nadie tiene que saber, lo cual es muy peligroso pues crea un "clima de rumores" que acaba con la comunicación y la transparencia y que acaba extendiéndose a otros ámbitos.
Hay que empezar a hablar de sexo en las empresas. Hay que empezar a reconocer que cuando un grupo de personas pasa juntas muchas horas al día, la chispa de la atracción física puede saltar. En lugar de una postura represora, la empresa debe tener una postura imparcial y facilitadora de la convivencia, asumiendo con naturalidad las relaciones que espontáneamente puedan surgir, fomentando su visibilidad y mejorando la confianza entre las personas. No hablo de invadir el ámbito privado de cada uno, sino de crear un clima en el que tener un rollete con un compañero o compañera de trabajo, sea o no del mismo nivel, no suponga un problema para toda la empresa. Lamentablemente, vistos los casos de acoso sexual en el trabajo que siguen apareciendo en la prensa, parece que nos falta mucho para eso.
viernes, 8 de enero de 2010
Decálogo para sentirse culpable.
Una vez han pasado las pasteladas navideñas, el buen rollito, los buenos propósitos para el año nuevo y todo eso, no viene mal que alguien os haga sentir culpables un rato. Asumo esa desagradable tarea hacia mis amigos y comparto con vosotros diez motivos por los que cualquiera debería sentirse culpable. No, no me lo agradezcáis aún, mejor hagámoslos circular a ver si por una remota casualidad alguien se decide a hacer algo. Ahí van:
1. Todos los que os hayáis comprado un piso en los últimos 10 años y estéis pagando una hipoteca sois parcialmente responsables de la crisis.
2. Cada vez que, en estos días de frío, ponemos la calefacción un poco más fuerte en lugar de usar una manta, estamos aumentando las posibilidades de una catástrofe climática global.
3. Todos nuestros aparatos electrónicos, los iPods, iPhones, iMacs o vulgares y proletarios PCs... TODOS han sido fabricados a partir de minerales extraídos por obreros esclavizados africanos prácticamente con sus manos desnudas.
4. Todos pensamos que los políticos son corruptos, pero ¿cuántos de nosotros haríamos lo mismo si nos dejaran o tuviéramos la oportunidad? ¿De verdad que si tuvierais un cargo político y vuestro hermano, cuñada, primo o lo que sea estuviera en paro no haríais nada para colocarle? ¿De verdad que no os pegaríais un día una buena comida a cuenta del presupuesto? Pues eso. Por ahí se empieza.
5. Todos tenemos quejas del comportamiento de los políticos. ¿Cuántos de nosotros nos hemos mirado los programas electorales, los hemos comparado y hemos decidido cuál nos convence más antes de ir a votar?
6. Comprar cosas escandalosamente baratas supone que alguien (normalmente los trabajadores a los que explotan para fabricarlas) está pagando la diferencia por nosotros.
7. Tomarte un Actimel y comer queso light no hace tu vida más saludable.
8. A todos nos conmueven las imágenes de la miseria en otras partes del mundo, e incluso algunos ayudaréis a ONGs o apadrinaréis niños de Bangladesh. Sin embargo, si volvemos un día de marcha y nos encontramos a un yonki chutándose en el portal de casa, no es precisamente compasión lo que sentimos.
9. Ver películas en VO o leer libros en inglés NO nos hace más cultos. Si acaso, más aparentes.
10. Antes de cambiar de banco, ¿cuántos pensamos en qué hacen con el dinero que ganan? Las cajas de ahorro están obligadas por ley a invertir parte de sus ganancias en obra social y cultural. Sin embargo, nos casamos con un banco porque nos regala una cafetera.
Bueno, he aquí algunas de las cosas que me dan que pensar. Espero que a vosotros también :)
1. Todos los que os hayáis comprado un piso en los últimos 10 años y estéis pagando una hipoteca sois parcialmente responsables de la crisis.
2. Cada vez que, en estos días de frío, ponemos la calefacción un poco más fuerte en lugar de usar una manta, estamos aumentando las posibilidades de una catástrofe climática global.
3. Todos nuestros aparatos electrónicos, los iPods, iPhones, iMacs o vulgares y proletarios PCs... TODOS han sido fabricados a partir de minerales extraídos por obreros esclavizados africanos prácticamente con sus manos desnudas.
4. Todos pensamos que los políticos son corruptos, pero ¿cuántos de nosotros haríamos lo mismo si nos dejaran o tuviéramos la oportunidad? ¿De verdad que si tuvierais un cargo político y vuestro hermano, cuñada, primo o lo que sea estuviera en paro no haríais nada para colocarle? ¿De verdad que no os pegaríais un día una buena comida a cuenta del presupuesto? Pues eso. Por ahí se empieza.
5. Todos tenemos quejas del comportamiento de los políticos. ¿Cuántos de nosotros nos hemos mirado los programas electorales, los hemos comparado y hemos decidido cuál nos convence más antes de ir a votar?
6. Comprar cosas escandalosamente baratas supone que alguien (normalmente los trabajadores a los que explotan para fabricarlas) está pagando la diferencia por nosotros.
7. Tomarte un Actimel y comer queso light no hace tu vida más saludable.
8. A todos nos conmueven las imágenes de la miseria en otras partes del mundo, e incluso algunos ayudaréis a ONGs o apadrinaréis niños de Bangladesh. Sin embargo, si volvemos un día de marcha y nos encontramos a un yonki chutándose en el portal de casa, no es precisamente compasión lo que sentimos.
9. Ver películas en VO o leer libros en inglés NO nos hace más cultos. Si acaso, más aparentes.
10. Antes de cambiar de banco, ¿cuántos pensamos en qué hacen con el dinero que ganan? Las cajas de ahorro están obligadas por ley a invertir parte de sus ganancias en obra social y cultural. Sin embargo, nos casamos con un banco porque nos regala una cafetera.
Bueno, he aquí algunas de las cosas que me dan que pensar. Espero que a vosotros también :)
lunes, 28 de diciembre de 2009
¿Economía sostenible?
Está de moda lo de la sostenibilidad. Hasta la economía tiene que ser sostenible. Pretender implantar un nuevo modelo productivo a golpe de leyes es una chorrada como un piano, por eso el Gobierno ni lo ha intentado y la famosa Ley de Economía Sostenible se ha quedado en un conjunto de reformas de rango menor y de poco calado social. Lo han hecho porque realmente no había mucho más que pudieran hacer.
La sosteniblidad, entendiendo como tal un sistema económico que pueda perpetuarse en el tiempo, se consigue por acuerdo, no por decreto. Es imposible cambiar el modelo productivo sin un profundo cambio social y cultural a todos los niveles, desde las empresas a cada ciudadano.
Sostenibilidad implica el uso racional de los recursos y la búsqueda del mínimo impacto ambiental en todas y cada una de nuestras actividades, no sólo en las que nos convienen a nosotros. Qué decir de las empresas, que si invierten en sostenibilidad es o bien porque no tienen más remedio o por pura estrategia de marketing.
Sin embargo, los gobiernos han permitido que sean las empresas las que se hayan apropiado del concepto de "sostenibilidad", al menos en los mensajes que el ciudadano recibe sobre el tema, que mayoritariamente corresponden al sector privado.
De todos modos, en una economía global es imposible implantar un sistema realmente sostenible sólo en un país. O cambiamos el modelo económico y suprimimos la especulación, que está en el origen de nuestro sistema económico vigente desde hace al menos dos siglos, o cualquier reforma será un mero parche.
Por supuesto que el país necesita abandonar la cultura del ladrillo. Pero debajo de eso está algo mucho más arraigado: la cultura de la especulación. Y ésa, con ladrillo o sin él, seguirá existiendo mientras haya personas avariciosas que la alimenten. Realmente no se me ocurre ninguna forma de economía sostenible compatible con nuestro modo de vida. Hace falta un cambio profundo de los valores sociales ( y de los personales de cada uno) para que comprendamos la magnitud de la tarea que no tenemos más remedio que realizar si queremos seguir sobre la faz de la Tierra en 100 años. Y eso, con cosmética y marketing no se arregla.
La sosteniblidad, entendiendo como tal un sistema económico que pueda perpetuarse en el tiempo, se consigue por acuerdo, no por decreto. Es imposible cambiar el modelo productivo sin un profundo cambio social y cultural a todos los niveles, desde las empresas a cada ciudadano.
Sostenibilidad implica el uso racional de los recursos y la búsqueda del mínimo impacto ambiental en todas y cada una de nuestras actividades, no sólo en las que nos convienen a nosotros. Qué decir de las empresas, que si invierten en sostenibilidad es o bien porque no tienen más remedio o por pura estrategia de marketing.
Sin embargo, los gobiernos han permitido que sean las empresas las que se hayan apropiado del concepto de "sostenibilidad", al menos en los mensajes que el ciudadano recibe sobre el tema, que mayoritariamente corresponden al sector privado.
De todos modos, en una economía global es imposible implantar un sistema realmente sostenible sólo en un país. O cambiamos el modelo económico y suprimimos la especulación, que está en el origen de nuestro sistema económico vigente desde hace al menos dos siglos, o cualquier reforma será un mero parche.
Por supuesto que el país necesita abandonar la cultura del ladrillo. Pero debajo de eso está algo mucho más arraigado: la cultura de la especulación. Y ésa, con ladrillo o sin él, seguirá existiendo mientras haya personas avariciosas que la alimenten. Realmente no se me ocurre ninguna forma de economía sostenible compatible con nuestro modo de vida. Hace falta un cambio profundo de los valores sociales ( y de los personales de cada uno) para que comprendamos la magnitud de la tarea que no tenemos más remedio que realizar si queremos seguir sobre la faz de la Tierra en 100 años. Y eso, con cosmética y marketing no se arregla.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Oportunidad perdida
Se ha armado la gorda, como era de esperar, con la ocurrencia de incluir en la futura ley de "economía sostenible" (que más bien debería llamarse "ley cajón de sastre para que parezca que hacemos algo") de la posibilidad de desactivar webs en las que se facilite el acceso a contenido protegido por derechos de autor sin la intervención de un juez.
El problema con la industria del entretenimiento y la información no es nuevo en realidad. Ha pasado algo similar en todos y cada uno de los sectores que han tenido que reconvertirse. Los empresarios no han sabido o no han querido hacerlo, y la solución fácil ha sido cerrar y mandar a la gente al paro. Me gustaría que quedara claro que no soy de los que dicen que la cultura es gratuita y que los derechos de autor no existen. Creo que los autores tienen todo el derecho del mundo a cobrar por su trabajo, y a decidir cuánto y cómo quieren cobrar. Sin embargo, creo que las multinacionales discográficas y las grandes productoras audiovisuales les están utilizando para tratar de mantener un modelo de negocio que agoniza. ¿De verdad piensan que si consiguieran cerrar todas y cada una de las páginas de intercambio, descarga o streaming, los cines se iban a volver a llenar y los CDs volverían a venderse como churros? Quieren obligar a los usuarios a comprar un CD, meterlo en su ordenador, convertirlo a MP3 y luego cargárselo en su iPod porque se niegan a reconocer que ese sistema de distribución ya no es válido para la mayoría de la gente. Por supuesto que habrá gente que siga comprando CDs, igual que ahora hay todo un movimiento de recuperación de la edición en vinilo porque a muchos les gusta su particular sonoridad, pero no se puede remar contra corriente.
La cuestión es que la solución está inventada (véase Spotify, como uno de cientos de ejemplos), pero o los responsables de marketing de estas empresas son idiotas o están cagados de miedo de que en el proceso de reconversión su cabeza salga volando. Internet es un canal nuevo de comunicación que requiere adaptación. No es verdad que en Internet todo sea gratis, sino que proporciona al usuario la capacidad de elegir lo que quiere ver, leer o escuchar. Quizá eso suponga el final de los "discos" tal y como los conocemos, quizá las películas tengan que grabarse directamente en video digital, pero sea como sea tendrán que pasar por el aro, ya que es una demanda masiva de los consumidores. Por mucho que quieran, no podrán obligar a los consumidores a hacerlo de la manera que ellos quieran. Ésa es la revolución de internet: los responsables de marketing están tan acostumbrados a manipular a los consumidores como quieren que cuando un medio se les resiste, en lugar de adaptarse intentan pelear contra él. Que no se enteran.
El problema con la industria del entretenimiento y la información no es nuevo en realidad. Ha pasado algo similar en todos y cada uno de los sectores que han tenido que reconvertirse. Los empresarios no han sabido o no han querido hacerlo, y la solución fácil ha sido cerrar y mandar a la gente al paro. Me gustaría que quedara claro que no soy de los que dicen que la cultura es gratuita y que los derechos de autor no existen. Creo que los autores tienen todo el derecho del mundo a cobrar por su trabajo, y a decidir cuánto y cómo quieren cobrar. Sin embargo, creo que las multinacionales discográficas y las grandes productoras audiovisuales les están utilizando para tratar de mantener un modelo de negocio que agoniza. ¿De verdad piensan que si consiguieran cerrar todas y cada una de las páginas de intercambio, descarga o streaming, los cines se iban a volver a llenar y los CDs volverían a venderse como churros? Quieren obligar a los usuarios a comprar un CD, meterlo en su ordenador, convertirlo a MP3 y luego cargárselo en su iPod porque se niegan a reconocer que ese sistema de distribución ya no es válido para la mayoría de la gente. Por supuesto que habrá gente que siga comprando CDs, igual que ahora hay todo un movimiento de recuperación de la edición en vinilo porque a muchos les gusta su particular sonoridad, pero no se puede remar contra corriente.
La cuestión es que la solución está inventada (véase Spotify, como uno de cientos de ejemplos), pero o los responsables de marketing de estas empresas son idiotas o están cagados de miedo de que en el proceso de reconversión su cabeza salga volando. Internet es un canal nuevo de comunicación que requiere adaptación. No es verdad que en Internet todo sea gratis, sino que proporciona al usuario la capacidad de elegir lo que quiere ver, leer o escuchar. Quizá eso suponga el final de los "discos" tal y como los conocemos, quizá las películas tengan que grabarse directamente en video digital, pero sea como sea tendrán que pasar por el aro, ya que es una demanda masiva de los consumidores. Por mucho que quieran, no podrán obligar a los consumidores a hacerlo de la manera que ellos quieran. Ésa es la revolución de internet: los responsables de marketing están tan acostumbrados a manipular a los consumidores como quieren que cuando un medio se les resiste, en lugar de adaptarse intentan pelear contra él. Que no se enteran.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Educación para la ciudadanía y diseño inteligente, o cómo colar la religión en las aulas.
Aunque es una polémica ya vieja y manoseada, viendo hoy un reportaje sobre la "teoría del diseño inteligente" me he puesto a pensare Es curioso cómo, con el paso del tiempo, la religión se va radicalizando en el fondo al tiempo que se moderniza en la envoltura. No deja de ser una paradoja que la separación entre la Iglesia y el Estado, hoy un paradigma de la libertad, tuviera su origen en grupos puritanos que buscaban alejarse de la que ellos consideraban corrupta iglesia oficial. Esa idea de "libertad para poder ser radical" cuajó en los países protestantes europeos y está en la raíz que dio origen a los Estados Unidos de América, fundados por sectas puritanas expulsadas de la anglicana Inglaterra por oponerse a la Iglesia creada por Enrique VIII que colocaba al rey como cabeza visible. Lo que en su día fue consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución americana y se considera hoy paradigma de la libertad, fue en realidad una forma de defender a grupos radicales minoritarios.
Paradojas aparte, la polémica de los últimos años sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), es sospechosamente parecida a la polémica de hace unos años (y que aún perdura) sobre la enseñanza del creacionismo (bajo el disfraz de la teoría pseudocientífica del "diseño intelgente") en la clase de ciencias de los colegios norteamericanos.
En el fondo, es el mismo esquema del que hablaba al principio se repite aquí: se reclama libertad para poder cercenar la libertad y colar de rondón, en nombre de la "libertad de conciencia" una serie de preceptos religiosos en las aulas. El "diseño inteligente", sostenido por un puñado de científicos disidentes ávidos de polémica para vender libros, va en contra de la gran mayoría de pruebas científicas que avalan la teoría de la evolución. El problema para los defensores del creacionismo no es que la evolución tenga lagunas, sino que no aceptan que el hombre sea fruto de la evolución, dado que la Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Partir de un precepto religioso, de una palabra "revelada" cuya comprensión sólo es posible a través de la fe, no puede considerarse científico en modo alguno. Despreciar las pruebas empíricas porque "no cuadran" con la verdad revelada, por muy disfrazado de ciencia que venga, va contra los fundamentos del propio método científico.
Lo mismo sucede con EpC. Si leemos el temario de la asignatura, todavía nos asomobrará más que la enseñanza de preceptos básicos de la constitución y el funcionamiento de las leyes, junto con principios básicos de interacción en sociedad como la solidaridad, la tolerancia y el respeto a los demás, puedan ofender los principios morales de nadie. Pero la religión no es la portavoz de la moral universal, sino de una moral particular y revelada por Dios.Con pretensiones universales, eso sí.
EpC se basa, simplemente, en las leyes aprobadas por el Parlamento para enseñar lo que está bien y lo que está mal, dado que esa es la única moral común que puede aplicarse. El problema es que la religión católica no acepta la moralidad de leyes como la del aborto o el matrimonio gay. Son esos dos puntos los que tanto rechazo generan entre los radicales cristianos. La cuestión es que, les guste o no, son preceptos legales, y los niños cuando crezcan tendrán que convivir con esas leyes. Como hay padres que no lo aceptan, no dudan en envolverse en la bandera de la libertad de conciencia para condenar esa asignatura por "invadir el ámbito educativo de las familias". Siguiendo el mismo razonamiento, los mafiosos podrían demandar al Estado por enseñar en las escuelas que robar, asesinar y extorsionar está mal. Es decir, esos padres tan cristianos quieren ser libres para enseñarles a sus hijos que algunas leyes están mal ( de lo que se deduce que no deben cumplirse). Por supuesto, al mismo tiempo defienden que la religión católica siga siendo una asignatura (optativa, pero asignatura) en los planes de estudios en la enseñanza pública. ¿Acaso no es la enseñanza de la religión algo que también pertenece "al ámbito educativo de las familias"?
En ambos casos, creacionismo y EpC, son los motivos religiosos subyacentes los que originan toda la polémica y las demandas judiciales. El puritanismo vuelve por sus fueros: apelan a la libertad, ésa que ellos no practican dentro de sus grupos porque a Dios no se le puede discutir ni interpretar, como un elemento para defender su radicalismo. Eso sí, cuando ellos estaban en el gobierno, no les tembló el pulso para aplastar y prohibir cualquier otra moral que no fuera la suya. Libertad sí, pero no por mi casa.
Como parece que es una batalla que tienen perdida, ahora contraatacan con el tema de la retirada de los crucifijos de las aulas, con el argumento de que "no molestan a nadie". ¿No es molesto y negativo para los niños que sus aulas estén presididas por una figura humana moribunda, ensangrentada y horriblemente torturada clavada a una cruz? A mí, personalmente, era una imagen que siempre me dio miedo de pequeño. Cuando mi marido y nos quedamos a dormir en casa de mi madre ella nos cede su cama de matrimonio, presidida por un crucifijo bastante grande. Aún hoy me parece terrorífico que lo primero que ves al despertarte es una cara ensangrentada, colgando de una cruz colgada de la pared y que mira hacia abajo. Decimos que las imágenes violentas no son buenas para los niños, pero parece que las imágenes religiosas están a salvo de todas las leyes y todos los preceptos que no sean los suyos propios.
Paradojas aparte, la polémica de los últimos años sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), es sospechosamente parecida a la polémica de hace unos años (y que aún perdura) sobre la enseñanza del creacionismo (bajo el disfraz de la teoría pseudocientífica del "diseño intelgente") en la clase de ciencias de los colegios norteamericanos.
En el fondo, es el mismo esquema del que hablaba al principio se repite aquí: se reclama libertad para poder cercenar la libertad y colar de rondón, en nombre de la "libertad de conciencia" una serie de preceptos religiosos en las aulas. El "diseño inteligente", sostenido por un puñado de científicos disidentes ávidos de polémica para vender libros, va en contra de la gran mayoría de pruebas científicas que avalan la teoría de la evolución. El problema para los defensores del creacionismo no es que la evolución tenga lagunas, sino que no aceptan que el hombre sea fruto de la evolución, dado que la Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Partir de un precepto religioso, de una palabra "revelada" cuya comprensión sólo es posible a través de la fe, no puede considerarse científico en modo alguno. Despreciar las pruebas empíricas porque "no cuadran" con la verdad revelada, por muy disfrazado de ciencia que venga, va contra los fundamentos del propio método científico.
Lo mismo sucede con EpC. Si leemos el temario de la asignatura, todavía nos asomobrará más que la enseñanza de preceptos básicos de la constitución y el funcionamiento de las leyes, junto con principios básicos de interacción en sociedad como la solidaridad, la tolerancia y el respeto a los demás, puedan ofender los principios morales de nadie. Pero la religión no es la portavoz de la moral universal, sino de una moral particular y revelada por Dios.Con pretensiones universales, eso sí.
EpC se basa, simplemente, en las leyes aprobadas por el Parlamento para enseñar lo que está bien y lo que está mal, dado que esa es la única moral común que puede aplicarse. El problema es que la religión católica no acepta la moralidad de leyes como la del aborto o el matrimonio gay. Son esos dos puntos los que tanto rechazo generan entre los radicales cristianos. La cuestión es que, les guste o no, son preceptos legales, y los niños cuando crezcan tendrán que convivir con esas leyes. Como hay padres que no lo aceptan, no dudan en envolverse en la bandera de la libertad de conciencia para condenar esa asignatura por "invadir el ámbito educativo de las familias". Siguiendo el mismo razonamiento, los mafiosos podrían demandar al Estado por enseñar en las escuelas que robar, asesinar y extorsionar está mal. Es decir, esos padres tan cristianos quieren ser libres para enseñarles a sus hijos que algunas leyes están mal ( de lo que se deduce que no deben cumplirse). Por supuesto, al mismo tiempo defienden que la religión católica siga siendo una asignatura (optativa, pero asignatura) en los planes de estudios en la enseñanza pública. ¿Acaso no es la enseñanza de la religión algo que también pertenece "al ámbito educativo de las familias"?
En ambos casos, creacionismo y EpC, son los motivos religiosos subyacentes los que originan toda la polémica y las demandas judiciales. El puritanismo vuelve por sus fueros: apelan a la libertad, ésa que ellos no practican dentro de sus grupos porque a Dios no se le puede discutir ni interpretar, como un elemento para defender su radicalismo. Eso sí, cuando ellos estaban en el gobierno, no les tembló el pulso para aplastar y prohibir cualquier otra moral que no fuera la suya. Libertad sí, pero no por mi casa.
Como parece que es una batalla que tienen perdida, ahora contraatacan con el tema de la retirada de los crucifijos de las aulas, con el argumento de que "no molestan a nadie". ¿No es molesto y negativo para los niños que sus aulas estén presididas por una figura humana moribunda, ensangrentada y horriblemente torturada clavada a una cruz? A mí, personalmente, era una imagen que siempre me dio miedo de pequeño. Cuando mi marido y nos quedamos a dormir en casa de mi madre ella nos cede su cama de matrimonio, presidida por un crucifijo bastante grande. Aún hoy me parece terrorífico que lo primero que ves al despertarte es una cara ensangrentada, colgando de una cruz colgada de la pared y que mira hacia abajo. Decimos que las imágenes violentas no son buenas para los niños, pero parece que las imágenes religiosas están a salvo de todas las leyes y todos los preceptos que no sean los suyos propios.
jueves, 26 de noviembre de 2009
¿Estrategia?
Todos tenemos personas a las que admiramos. Bien sea por su carácter, por su claridad de ideas, por los logros que consiguen, todos tenemos referentes a los que nos gustaría parecernos. Decimos (y con razón) de ellos que son personas que saben lo que quieren, que conocen su lugar en el mundo, que tienen ambiciones y objetivos y pelean por conseguirlos y que no se dejan aplastar por las adversidades. Personas, en definitiva, capaces de hacer avanzar la sociedad en la que viven.
Algunos adorarán a Jesucristo y le llamarán Dios, otros venerarán a Isaac Newton o a Albert Einstein, o a Gandhi o a Bill Gates... hay cientos, miles de referentes. Incluso les erigimos estatuas, celebramos fiestas en su memoria y animamos a nuestros hijos a imitarles.
Hagamos un ejercicio mental: Cambiemos en el primer párrafo anterior la palabra "personas" por "empresas". No cambia mucho, ¿verdad?. Sólo que ya es más difícil citar varios modelos a imitar. Vale. Hagamos ahora el cambio por "países"...¿Se nos ocurre algún nombre? Uno, dos a lo sumo.
Si tenemos claro lo que resulta admirable de una persona y la convierte en referente, ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo mismo cuando en lugar de un único individuo pensamos en una colectividad?
Admiramos a las personas que desarrollan una estrategia. Tener objetivos claros no es más que eso. La capacidad de pensar a medio y largo plazo y de perseguir un ideal, de moverse según una escala de valores. El problema viene cuando pasamos del individuo a lo colectivo. Entonces hay que llegar a acuerdos, buscar puntos en común y objetivos comunes. Sin embargo, ¿no existe ni un sólo objetivo colectivo que tengamos en común, como empresa o como sociedad? ¿No nos enfrentamos, en ambos casos, a retos y desafíos trascendentales? ¿Por qué no somos capaces de pensar colectivamente ni siquiera a medio plazo?
El valor fundamental de la sociedad "occidental" es la especulación. Pensamos a corto plazo. Soñamos, como colectivo, a corto plazo. Ningún líder, ni empresarial ni político, se atreve a plantear objetivos a más allá de 5 o como mucho 10 años vista. Eso no es suficiente cuando vamos a necesitar más tiempo para resolver problemas graves como la desigualdad entre ricos y pobres. Ni siquiera la posibilidad creciente de que estemos cambiando nuestro planeta irreversiblemente y para peor nos moviliza. Al contrario, las acciones que emprendemos para afrontar el problema son también, de algún modo, especulativas. Creemos que con cambiar las bombillas por otras de bajo consumo y usar bolsas reutilizables para hacer la compra ya hacemos algo. Sin duda es una contribución, pero no es suficiente. Nos enfrentamos al reto trascendental de decidir qué tipo de mundo queremos legar a nuestros hijos y nuestros nietos, y sin embargo no somos capaces de tomar decisiones. Los políticos porque son incapaces de pensar más allá de las próximas elecciones. Los empresarios porque son incapaces de pensar más allá del año que viene (y eso en el mejor de los casos).
¿Hay lugar para la esperanza, o dejaremos que la civilización que hemos construido se marchite por nuestra miopía social?
Yo creo que sí hay esperanzas de cambio, pero desde luego ese cambio será de abajo arriba, y no al revés. Tendremos que ser nosotros los que impulsemos los cambios. Internet es una poderosísima herramienta para ello. Por primera vez en la historia hay un medio global de comunicación persona a persona, sin filtros, y lo que es más importante, que escapa de las censuras y el control político. Por supuesto, están intentando vendernos que Internet es el reino del corto plazo y la inmediatez, pero también podemos usarlo para que se extienda la conciencia colectiva sobre lo que tenemos que hacer hoy, y de forma urgente, para que exista un mañana digno de ser llamado como tal.
Podemos poner nuestros valores en común. Podemos marcarnos objetivos y asegurarnos de que se cumplen. Podemos cambiar las cosas, todavía. La semilla está plantada, sólo hay que regarla.
Algunos adorarán a Jesucristo y le llamarán Dios, otros venerarán a Isaac Newton o a Albert Einstein, o a Gandhi o a Bill Gates... hay cientos, miles de referentes. Incluso les erigimos estatuas, celebramos fiestas en su memoria y animamos a nuestros hijos a imitarles.
Hagamos un ejercicio mental: Cambiemos en el primer párrafo anterior la palabra "personas" por "empresas". No cambia mucho, ¿verdad?. Sólo que ya es más difícil citar varios modelos a imitar. Vale. Hagamos ahora el cambio por "países"...¿Se nos ocurre algún nombre? Uno, dos a lo sumo.
Si tenemos claro lo que resulta admirable de una persona y la convierte en referente, ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo mismo cuando en lugar de un único individuo pensamos en una colectividad?
Admiramos a las personas que desarrollan una estrategia. Tener objetivos claros no es más que eso. La capacidad de pensar a medio y largo plazo y de perseguir un ideal, de moverse según una escala de valores. El problema viene cuando pasamos del individuo a lo colectivo. Entonces hay que llegar a acuerdos, buscar puntos en común y objetivos comunes. Sin embargo, ¿no existe ni un sólo objetivo colectivo que tengamos en común, como empresa o como sociedad? ¿No nos enfrentamos, en ambos casos, a retos y desafíos trascendentales? ¿Por qué no somos capaces de pensar colectivamente ni siquiera a medio plazo?
El valor fundamental de la sociedad "occidental" es la especulación. Pensamos a corto plazo. Soñamos, como colectivo, a corto plazo. Ningún líder, ni empresarial ni político, se atreve a plantear objetivos a más allá de 5 o como mucho 10 años vista. Eso no es suficiente cuando vamos a necesitar más tiempo para resolver problemas graves como la desigualdad entre ricos y pobres. Ni siquiera la posibilidad creciente de que estemos cambiando nuestro planeta irreversiblemente y para peor nos moviliza. Al contrario, las acciones que emprendemos para afrontar el problema son también, de algún modo, especulativas. Creemos que con cambiar las bombillas por otras de bajo consumo y usar bolsas reutilizables para hacer la compra ya hacemos algo. Sin duda es una contribución, pero no es suficiente. Nos enfrentamos al reto trascendental de decidir qué tipo de mundo queremos legar a nuestros hijos y nuestros nietos, y sin embargo no somos capaces de tomar decisiones. Los políticos porque son incapaces de pensar más allá de las próximas elecciones. Los empresarios porque son incapaces de pensar más allá del año que viene (y eso en el mejor de los casos).
¿Hay lugar para la esperanza, o dejaremos que la civilización que hemos construido se marchite por nuestra miopía social?
Yo creo que sí hay esperanzas de cambio, pero desde luego ese cambio será de abajo arriba, y no al revés. Tendremos que ser nosotros los que impulsemos los cambios. Internet es una poderosísima herramienta para ello. Por primera vez en la historia hay un medio global de comunicación persona a persona, sin filtros, y lo que es más importante, que escapa de las censuras y el control político. Por supuesto, están intentando vendernos que Internet es el reino del corto plazo y la inmediatez, pero también podemos usarlo para que se extienda la conciencia colectiva sobre lo que tenemos que hacer hoy, y de forma urgente, para que exista un mañana digno de ser llamado como tal.
Podemos poner nuestros valores en común. Podemos marcarnos objetivos y asegurarnos de que se cumplen. Podemos cambiar las cosas, todavía. La semilla está plantada, sólo hay que regarla.
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