Blog sobre marketing on y offline. A veces información, a veces opinión, a veces se me va la olla.
domingo, 2 de junio de 2013
El marketing no es cosa de trucos
martes, 31 de julio de 2012
Todo ha cambiado...menos las empresas.
Que vivimos tiempos convulsos no se le escapa a nadie. No sólo la crisis económica está minando sin remedio los cimientos de nuestra bienamada (aunque falsa) seguridad. Asistimos, sobre todo a un cambio social que empezó poco a poco y ha ido acelerando de forma sostenida hasta alcanzar la velocidad de crucero de un 747. La crisis ha servido de gasolina para avivar un fuego incipiente, alimentado por un cambio tecnológico que ha saltado la barrera de lo "útil".
La tecnología de la comunicación se ha infiltrado y hecho fuerte en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida social. Para unos es la profecía orwelliana del Gran Hermano hecha realidad. Para muchos otros es un nuevo espacio de libertad que escapa al control al que los gobiernos nos someten. Sea como sea, lo cierto es que, si va a haber una revolución, empezará en internet. Ya lo hemos visto en muchos países árabes, y lo estamos viendo aquí con movimientos espontáneos como el 15-M, nacidos al calor de Facebook, Twitter y YouTube.
Sin embargo, las empresas españolas prefieren hacer oídos sordos como si la cosa no fuera con ellos. Dicen que María Antonieta, cuando le dijeron que la gente se había alzado en armas porque no tenían pan, exclamó "Que coman pasteles!". Más o menos como nuestros empresarios, que se empeñan en ser los últimos violinistas de la orquesta del Titanic. Su actitud de supina ignorancia hacia la innovación en general e internet en particular (me da vergüenza tener que calificar todavía a internet como "innovación") es poco menos que suicida.
¿Todo esto por qué? ¿Es que nuestras empresas están gobernadas por idiotas? No lo parece, a juzgar por el mucho dinero que han sido capaces de ganar. Además, las paredes de los despachos de los directivos están adornadas con títulos de prestigiosas universidades y elitistas escuelas de negocios. No. El problema es el mismo al que se enfrentan los dictadores ante el descontento social: antes muertos que perder poder.
La información es poder. Hasta no hace muchos años, una empresa era un búnker informativo, del que no salía ningún mensaje que no hubiera pasado por el filtro del marketing. Simplemente, las empresas tenían el control, y el "buzz" social, si lo había, se quedaba en círculos restringidos. Hoy todo eso ha saltado por los aires. La gente cree mucho más en lo que le digan sus contactos en redes sociales que cualquier mensaje publicitario. Es decir, las empresas están perdiendo el poder de control de la información. Y eso no se soluciona con más controles, porque las reglas del juego han cambiado.
Algunas empresas han optado por la cosmética: abrimos perfiles en redes, contratamos community managers y estrategas de social media, pero en realidad estamos cambiándolo todo para que nada cambie, pues nos limitamos a darle un barniz online a una estrategia diseñada y pensada para el mundo offline (me niego a calificar a uno como más "real" que el otro). Y claro, no les funciona y le dan la espalda al tema y tan tranquilos : "Es una moda, ya pasará, vamos a sentarnos a cenar en la mesa del capitán, mira qué iceberg más majo."
Lo que internet pide a las empresas es que cambien de arriba a abajo toda su estructura de poder. Los clientes no es que quieran saber, es que quieren entrar hasta la cocina. Se acabó lo de no dar pistas a la competencia. Ahora ya no es el producto solamente lo que interesa. Es de dónde viene, cómo se hace y, sobre todo, con quién tengo que hablar para que lo cambien. Es decir, por primera vez podemos meter al comprador final en toda la cadena de diseño del producto. Es decir, si sabemos escuchar, los clientes nos dicen a gritos qué tenemos que hacer para que nos compren.
Lo que yo le preguntaría a muchos directivos es: ¿Quién piensa más, 100.000 cabezas o tu brillante director de marketing?
Pero para esto hace falta un cambio de mentalidad que, salvo honrosas excepciones, no se está produciendo. Las empresas no quieren ser más sociales, sólo quieren vender que lo son. Y eso ya no funciona.
martes, 21 de febrero de 2012
Social media y estadísticas.
Un servidor no tendría nada que objetar a este fenómeno, si no fuera por un pequeño detalle: Esos informes se utilizan de forma sesgada en muchos casos, incluso omitiendo su procedencia, para extrapolarlos al mercado español. Así leemos cosas como que "el 80% de las pymes utilizan los social media" o que "el sueldo medio de un community manager es de 50.000 euros anuales" que a cualquier conocedor de la realidad empresarial de nuestro país le producen un ataque de hilaridad.
Si esto viniera de legos en la materia, tendría disculpa. No la tiene cuando la inmensa mayoría de profesionales de la cosa las utilizan. Creo que hay algo detrás, un cierto empeño en negar la realidad de que vivimos en un mercado diferente.
En discusiones con algún experto me lo ha justificado con dos argumentos: La escasez de estadísticas nacionales sobre la materia y el hecho de que "lo que sucede en Estados Unidos acaba sucediendo aquí". Ambas cosas son sólo parcialmente ciertas. Ni hay tan pocas estadísticas nacionales (existe un observatorio nacional de redes sociales patrocinado por BBVA y Microsoft, y Red.es publica regularmente estadísticas sobre el uso de internet) ni es cierto que TODAS las tendencias americanas acaben importándose.
Lo cierto es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Se ha dicho tanto, se ha escrito tanto y se ha exagerado tanto sobre redes sociales que enfrentarse a la realidad, sobre todo a nivel de empresas, es complicado para mucha gente. Pero la realidad es tozuda, y para muestra de como están las cosas por aquí, unos cuantos ejemplos:
- Cualquier aspirante a community manager debería darse una vuelta por Infojobs y buscar las ofertas de empleo en la materia: En toda España no se publican más allá de 10 al día, la mayoría con perfiles netamente informáticos o de "hombre orquesta". Y de los sueldos, para qué vamos a hablar.
- El uso de redes sociales por parte de las empresas sigue siendo minoritario. Salvo en sectores muy concretos (turismo, marketing, etc) las empresas, sobre todo las pymes, les dan la espalda o, en el mejor de los casos, las utilizan mal. Son realmente muy pocas las empresas que hacen un uso intensivo de los social media como herramienta de marketing y comunicación.
- Pinterest, el último hype del que todo el mundo habla. Su presencia entre las empresas españolas es prácticamente nula. Realmente alguien cree que las empresas se van a lanzar masivamente a usarla, cuando ni siquiera usan Facebook? Yo, desde luego, no. Acordémonos de Quora, que hace tan sólo un año iba a ser "el nuevo Twitter"...
Demostrar profesionalidad en marketing, al menos tal y como yo lo veo, no significa ser un early adopter o estar a la última. Ambas cosas no son malas, pero por encima de ello, si se quiere asesorar correctamente a los clientes que nos dan de comer, es necesario tener los pies en el suelo. Eso significa ser capaz de realizar un análisis riguroso de las necesidades de nuestro cliente sin dejarnos llevar por entusiasmos que, al final, nos convierten en vendedores de humo.
miércoles, 25 de enero de 2012
Marketing en redes sociales: Ni tanto, ni tan calvo
Es cierto que se ha hablado mucho, y quizá con demasiada alegría, de las ventajas que la presencia en redes sociales pueden tener para las empresas. Animados por las estadísticas que llegan de Estados Unidos, muchos se han apresurado a dar por muerta la web corporativa, el e-mail, los banners, el SEO y unas cuantas cosas más.
Todo lo relacionado con internet y la tecnología de la información parece moverse por oleadas. Las redes sociales han supuesto más bien un tsunami. Cuando sus usuarios se cuentan por cientos de millones, ¿a qué empresa no le apetece morder esa jugosa manzana y posicionarse en ese mercado?
Dejarse llevar por las modas es, cuando menos, peligroso. Mucho más si se hace "porque hay que estar" o "a ver qué pasa" sin tener ni una estrategia definida ni unos objetivos claros e incluso sin saber exactamente a quién nos queremos dirigir. Para empezar, el marketing en redes sociales debe ser una parte de una estrategia de marketing más amplia. Estamos viendo cómo empresas que carecen de la más mínima estrategia global se meten en las redes sociales al grito de "tonto el último" sin comprender realmente ni cómo funciona este medio ni qué es lo que realmente se puede obtener de ello y, lo que es peor, sin tener ninguna conexión con su estrategia offline, en el afortunado caso de que la tengan.
¿Se puede vender en las redes sociales? Excepto en algunos casos, por el momento no. Simplemente porque no están diseñadas ni pensadas para ello. Vale, antes de que alguien me salte a la yugular, es cierto que algunas empresas sí lo hacen, como Telepizza en Facebook o Dell en Twitter. Pero seamos realistas, se trata de empresas potentes, con estrategias muy consolidadas y que dedican muchos recursos a ello. Nadie regala nada, y quien piense que el marketing en redes sociales es bueno, bonito y barato se va a llevar un buen chasco.
Como en muchos otros aspectos de las tecnologías de la información, muchas pymes confunden experiencia de usuario con experiencia profesional. Que tengas un perfil en Facebook y una cuenta en Twitter no te convierten en un profesional del medio, de la misma manera que ver mucha televisión no te convierte en un experto en publicidad en TV. La situación económica y laboral que vivimos ha llevado a mucha gente con poca o ninguna experiencia en marketing a autodefinirse como "expertos" en una realidad que no dominan, sencillamente porque sus conocimientos de marketing en general son, en el mejor de los casos, muy limitados.
Entrar en redes sociales supone una inversión de recursos económicos y de tiempo, y debe hacerse con asesoramiento de profesionales experimentados. Cuando lo que se pretende es utilizarlas como un canal tradicional de comunicación unidireccional, los resultados son pobres o simplemente nulos, cuando no negativos. Hacerlo sin una estrategia clara y sin saber lo que se quiere es tirarse a una piscina que sólo tiene medio metro de agua. Las posibilidades de partirse el cráneo son altas. Pero eso no significa que las redes sociales no sean útiles para las empresas, sino que su estrategia estaba mal definida o simplemente no existía. Si no arriesgas nada, es difícil que ganes algo.
¿Entonces para qué sirven? Para cosas tan importantes como construir, reforzar y difundir nuestra marca, medir el estado de opinión de nuestros clientes, alimentar de visitas nuestra web, reforzar marca personal, testar nuevos productos, apoyarse en los usuarios para desarrollar productos o servicios...y sí, también para ayudarnos a vender, pero no de manera directa. Que nadie espere un incremento visible de sus ventas a los 15 días de abrir un perfil en Facebook y una cuenta en Twitter, porque en el 99% de los casos no será así. Como cualquier estrategia, la presencia online necesita tiempo para desarrollarse y consolidarse. Tiempo y esfuerzo, además de un cambio profundo en la mentalidad de las empresas.
¿Es imprescindible estar en redes sociales? Desde luego que no. Muchas empresas no están (ni se les espera) y les va muy bien. Los social media suponen una oportunidad, sobre todo para las pymes, de utilizar casi en igualdad de condiciones los mismos recursos que empresas grandes, pero no tienen coste cero. Va siendo hora de que empecemos todos a valorar las cosas en su justa medida.
domingo, 4 de diciembre de 2011
El marketing en las redes sociales
La fiebre de las redes sociales está llevando a muchas empresas a estar presente en ellas sea como sea. Parece que el objetivo es, simplemente, estar allí, de la misma manera que hace 10 años el objetivo era tener una web, aunque luego no se supiera muy bien qué hacer con ella.
Por supuesto, creo que las empresas deben tener presencia en los social media, aunque pocas son las que desarrollan una verdadera estrategia orientada a lo que se supone que cualquier empresa debe perseguir, que no es otra cosa que vender.
Las redes sociales pueden ser una herramienta de marketing muy potente para cualquier empresa, pero éstas deben tener en cuenta que las reglas que rigen en este canal son diferentes y requieren una adaptación en el lenguaje, el estilo de comunicar y el tipo de promociones que se realizan. Por si esto fuera poco, cada una de las redes tiene códigos de funcionamiento diferentes, de tal nanera que lo que es válido en Facebook no lo es en Twitter, por poner un ejemplo.
En cualquier caso, hay una serie de elementos comunes que deben formar parte de una estrategia básica de presencia en social media:
- Hacer publicidad en las redes sociales es posible, tanto a través de anuncios de pago como usando los perfiles de nuestra empresa. Sin embargo, la publicidad explícita debe ser administrada con cuidado. No olvidemos que las redes sociales son ante todo una enorme conversación entre personas. Meter publicidad con calzador en medio de esa conversación puede generar rechazo por parte de muchos usuarios.
- De nada me servirá estar presente si no consigo dos cosas: tener seguidores y que mi mensaje se amplifique. Por tanto, lo primero que necesito es que la gente me siga. Además, necesitamos que nuestros seguidores sean de calidad, lo que significa en primer lugar que nos lean, y después que hagan de altavoces de lo que publicamos. Para eso es imprescindible que les aportemos valor. Esa aportación de valor se consigue a través de 3 vías:
1) Generando contenidos útiles relacionados con la temática de nuestro negocio, los usos que pueden realizarse de nuestro producto o los temas que nuestros seguidores encuentran de su interés.
2) Conversando. Contestando a las preguntas y comentarios, haciendo nosotros preguntas o interviniendo en conversaciones en las que tengamos algo que decir. Eso incluye gestionar las redes sociales como un canal más de atención al cliente.
3) Realizando promociones específicas para nuestros seguidores y sólo para ellos. Eso les hará sentir que además de conversar seguimos siendo una empresa y que premiamos su esfuerzo en seguirnos. Esto puede ir desde un vale de descuento a un regalo, pasando por que puedan ser los primeros en probar nuestras novedades o que tengan un trato especial en el punto de venta, etc...
En muchas redes tener un sólo perfil no es suficiente. Hay que diseñar una estrategia de presencia que combine el perfil corporativo con uno o varios perfiles de servicios o productos específicos y con los perfiles personales de los directivos. La marca personal de quienes dirigen el negocio es tanto o más importante que la corporativa, y si los directivos demuestran que dominan los temas de los que hablan, eso redundará en beneficio del negocio. Por ejemplo, una entidad bancaria debe tener un perfil corporativo dedicado a las noticias de empresa y de economía, pero también uno específico de atención al cliente y otro para inversores. Si se tienen clientes en otros países habrá que tener perfiles en los que se conversa en otros idiomas, y siempre el equipo directivo debe tener su propia voz y gestionar a través de su perfil un tono más centrado en la opinión.
-Conseguir algo de presencia en las redes sociales, a no ser que seamos una marca muy potente, es cuestión de paciencia y perseverancia. Hay que plantearse que nos puede llevar un año empezar a obtener resultados tangibles. No se trata de tener muchos seguidores a toda costa, sino de que esos seguidores generen y ayuden a generar negocio.
- No podemos dejar algo tan importante como representar a nuestra empresa en las redes sociales en manos de cualquiera. Debe ser alguien integrado en la estructura de la empresa, con conocimientos técnicos, si su función es atender al cliente, o con conocimientos de marketing y comunicacion. No olvidemos que las redes sociales son el reino de la inmediatez, por tanto debemos estar preparados para dar respuestas inmediatas y gestionar posibles crisis.
Por último, no nos olvidemos de crearnos un cuadro de indicadores que nos permitan monitorizar qué estamos haciendo, qué alcance tiene lo que hacemos y qué errores debemos corregir.
Siempre recomiendo a mis clientes que no tengan absolutamente ningún reparo en copiar o adaptar lo que otras empresas hacen bien. Dicho finamente, hacer benchmarking. Cuando alguien desarrolla una estrategia de éxito hay que analizar con lupa lo que hace y ver qué lecciones podemos aprender de ello.
El tema da para mucho y esto no son más que unos cuantos principios generales, por lo que espero vuestros comentarios para desarrollar en futuros posts los aspectos que os interesen más.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Eufemismos y ñoñerías
Está claro que lo de la marca personal hay famosos que no lo llevan nada bien. Están dispuestos a arruinar su imagen cediéndola para una campaña que, por mucho beneficio económico inmediato que les reporte, a la larga hará que se les recuerde no por su trabajo profesional, sino por una campaña que bordea el ridículo.
Determinadas marcas están empeñadas en no arriesgar y ser tan políticamente correctas en su publicidad que el resultado es intragable de tan relamido. "Estar hinchada" en lugar de decir llanamente que es bueno para el estreñimiento y los gases, es una ñoñería que aleja a la marca del lenguaje de la calle. No es el único caso.
Hablando de ñoñería me viene a la mente el caso de Iniesta y su spot de helados. Vale que el jugador de fútbol tiene tirón, pero dado que lo suyo no es ser actor a alguien en la agencia de publicidad se le podría haber ocurrido aconsejar al cliente que lo de hacer hablar a Iniesta no era buena idea.
Otro caso para colgar de los pulgares al equipo creativo: el spot de Movistar en el que una asamblea claramente inspirada en el 15-M decide por votación pedir mejores tarifas. Aparte de resultar tan natural como sacar a pasear un perro de plástico, alguien debería haber pensado en el target del anuncio: clientes usuarios de internet y que en mayor parte que la sociedad en general pueden sentirse muy identificados con un movimiento que nació en la propia Red.
Cuando hablas con gente de las agencias siempre se defienden con el mismo argumento: "el cliente lo ha pedido así". Estupendo, pero el cliente no es un profesional del marketing y tú sí. Al cliente lo que le importa es la cifra de ventas, y tu trabajo es demostrarle la diferencia entre buena y mala publicidad. Si el cliente te pide una campaña que va a arruinar tu prestigio como agencia, al menos intenta maquillarla para que quede lo mejor posible, si no te atreves a decirle que no. A veces hay que hacerlo y demostrar profesionalidad.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Hacia una nueva ética empresarial.
Es evidente, para cualquiera que se pare a pensar un poco, que el futuro pasa por crear un sistema nuevo que resulte más sostenible. Sin embargo, no podremos hacerlo sin un cambio profundo en la cultura y la ética de las empresas. Al final, si no queremos vernos inmersos en una revolución social y política de consecuencias imprevisibles, el sistema económico que nos sustenta no tendrá más remedio que adaptarse o morir.
Son las empresas, en las que reside la capacidad de generar riqueza, las primeras que tendrán que hacer frente al desafío que, de forma creciente, les está planteando una sociedad cada vez más cansada de ser convidada de piedra a una "fiesta" en la que unos pocos se llevan la mayor parte de los beneficios, mientras que las pérdidas son sufragadas por todos. Hace falta que de una vez por todas las empresas se comprometan con una ética que supere la miopía del beneficio rápido y empiece a pensar a más largo plazo.
Creo que esa nueva ética empresarial debe fundamentarse en los siguientes pilares:
En primer lugar, las empresas deben construir un nuevo modelo de relación con sus trabajadores que supere la confrontación entre dirigentes y subordinados. Estamos viendo cómo las empresas que ya han dado pasos en ese sentido están mucho mejor preparadas ante la crisis, sencillamente porque sus trabajadores están mucho más implicados. Para conseguir esto hay que desarrollar nuevos canales de comunicación interna, hacer que los directivos dejen de verse a sí mismos y de ser vistos como una élite gobernante, hacer partícipes a los trabajadores en la toma de decisiones en los ámbitos de su competencia e incrementar la delegación de responsabilidades. Es mucho más fácil que una persona acepte ligar su sueldo a la productividad (algo que se puede hacer si se introduce un componente variable en el salario que responda a parámetros medibles) si esa persona se siente partícipe de las decisiones que condicionan la marcha del negocio.
En segundo lugar, inttoducir de verdad la innovación en el día a día de cualquier negocio. Absolutamente cualquier empresa es susceptible de crear e innovar si se dan las condiciones para ello. La creatividad no sabe de jerarquías y sí de que se valoren y se potencien las ideas originales, independientemente del grado en el escalafón que ocupe la persona a la que se le ocurre una idea. A veces las ideas más brillantes han venido de personas "de baja cualificación".
Las empresas deben apostar de una vez y en serio por internet y las TIC como herramientas troncales de su negocio, tanto en la organización interna como en su relación con los clientes. El teletrabajo, las redes sociales, la gestión del conocimiento y el "volcar" la empresa en la Red son métodos del presente, no del futuro.
Las empresas deben comprometerse con sus clientes, asumiendo los compromisos éticos que éstos les demanden. Vivimos inmersos en una enorme red en la que el conocimiento, las noticias y la reputación pueden cambiar en cuestión de horas o minutos. No podemos ocultar información al público. Se acabó la era de los secretos.
Hay que desarrollar un nuevo concepto de atención al cliente, basado en el diálogo y en el sentimiento de comunidad alrededor de nuestra marca. Debemos desterrar cuanto antes la comunicación unidireccional y empezar a hablar en primera persona con cada uno de nuestros clientes. No olvidemos que, si lo hacemos bien, serán ellos quienes nos ayuden a ofrecerles lo que necesitan.
En definitiva, ha llegado el momento de superar la cultura del pelotazo y empezar a pensar en negocios sostenibles. No es ninguna novedad, es lo que aprendieron nuestros abuelos de las profundas crisis que les tocó vivir. Ahora nos toca a nosotros demostrar que sabemos estar a la altura.
lunes, 10 de octubre de 2011
Otro mundo es seguro
Creo que todavía no somos conscientes del todo de un hecho que me parece incuestionable: El mundo que hemos conocido hasta ahora se está acabando. La crisis global, lejos de ser una causa, es una consecuencia del período de cambio en el que estamos entrando. Nadie tiene la absoluta certeza de cómo será este mundo post-crisis, pero lo que es seguro es que ya nada va a ser igual. Quizá por eso todos los intentos de ponerle fin a la crisis sin cambiar el fondo del asunto están fracasando. No vivimos una crisis coyuntural fruto de las hipotecas basura y la crisis de deuda: Vivimos una crisis sistémica fruto del agotamiento de un sistema que ya no funciona y la adaptación a un sistema nuevo.
¿Hacia qué nueva realidad estamos caminando?
Mi opinión es que asistimos al final del modelo de sociedad competitiva, al menos en el sentido puro y duro de la palabra. Internet ha convertido al mundo en una enorme red social donde es imposible, literalmente, parar el flujo de información en tiempo real. Ese intercambio de información (y por tanto de conocimiento) se produce cada vez más entre personas anónimas, corrientes. Una de las consecuencias de esto es que cada vez hay menos "líderes" mundiales. Desde Obama al Papa, pasando por los gobernantes de los principales países del mundo, se ha acabado la época de los "liderazgos fuertes", pienso que porque en realidad ya no estamos dispuestos a seguir ciegamente a nadie, ya que disponemos de nuestras propias fuentes de información (y por tanto de formación y de opinión) alternativas.
La socialización de internet nos abre el camino de la cooperación entre personas como nueva forma de progreso. Cada vez más buscamos apoyos en nuestra red de contactos sociales, y esa red es cada vez más grande. Internet nos ha abierto la puerta a poder generar conocimiento de forma conjunta a una velocidad que ni podíamos soñar hace tan sólo 5 años. Esa cooperación empieza a contagiarse al mundo real fuera de la Red, en forma de movimientos sociales, de cambio ideológico y de revolución social. Pensemos un poco:
-Cada vez es mayor la desconfianza en los políticos y sus vacíos discursos salvadores.
-Cada vez reclamamos más, pero no en la calle, sino de una forma más eficaz. Las antiguas manifestaciones masivas están siendo sustituidas por el "incendio" en las redes sociales ante una noticia que no nos gusta, algo que en mi opinión es mucho más eficiente y deja más poso que salir a pegar gritos a la calle.
-Nuestra sociedad actual ha pasado el punto de la no sostenibilidad. No nos queda más remedio que cooperar o extinguirnos. No es "ecologismo" en el sentido "salvemos a las ballenas", es ecologismo en el sentido "salvémonos a nosotros mismos".
-El ser humano ha demostrado, a lo largo de la historia, una inmensa capacidad de adaptación. Esa es la gran esperanza, que sepamos adaptarnos a las exigencias de un mundo nuevo, interconectado y solidario. Aunque sea por obligación.
martes, 4 de octubre de 2011
Twitter y la cacofonía
domingo, 11 de septiembre de 2011
Por qué fracasan muchas tiendas online.
Las ventajas a priori son muchas: No se necesitan costosas instalaciones en zonas comerciales (basta con una oficina y un almacén, y en muchos casos ni siquiera el almacén es necesario si se cuenta con una buena logística), se pueden gestionar grandes volúmenes de venta con muy poco personal, horario 24 h, el cliente no tiene que moverse de casa para comprar, se pueden ofrecer mejores precios...
Todo esto en un contexto de crisis en el que la capacidad de inversión es limitada y no es fácil embarcarse en la aventura de abrir puntos físicos de venta con el elevado coste que eso supone. Hasta aquí, todo perfecto, pero la realidad es una parte importante de las tiendas online son un absoluto fracaso. No cumplen ni de lejos las previsiones de ventas a pesar de tratarse de webs bien diseñadas, bien posicionadas, con presencia en las redes sociales, con una buena campaña de marketing online...¿Qué es lo que falla?.
Yo creo que fallan dos cosas: Que los gestores de la tienda online no se han leído la historia reciente (especialmente el crash de las puntocom a finales de los 90) y que subestiman algo que los vendedores conocemos muy bien: la experiencia de compra.
A finales de los 90, en plena burbuja de los portales de internet, los gurús nos decían que en 10 años nadie iría al supermercado, que la mayoría de nuestras compras serían online, que internet iba a revolucionar el mercado del comercio. Fallaron. Es cierto que a día de hoy puede comprarse prácticamente todo online, desde unos zapatos a un coche, comida, decoración, electrónica... pero no es menos cierto que los resultados son desiguales, y que las grandes cadenas comerciales siguen apostando claramente por una estrategia de puntos de venta offline 100% o, en el mejor de los casos, una combinación de ambos (caso Inditex, por ejemplo). En realidad las tiendas 100% online que funcionan son muy pocas y están centradas en sectores muy concretos: libros, música, electrónica de consumo, liquidaciones y segunda mano...Incluso hay muchas, como Ikea, que ni tienen tienda online ni por el momento se espera que la tengan.
Todo esto no se debe a que esas grandes empresas quieran mantener su costosísima estructura offline porque no "creen" en internet (todas prestan servicios a través de internet: atención al cliente, catálogo de productos, gestión de reclamaciones..) sino porque tienen una larguísima experiencia en ventas, y saben lo que el cliente valora más: la propia experiencia de compra.
Comprar un libro en Amazon (o en casa del libro, o en la propia Fnac) online es muy fácil. Un libro es un libro, si me gusta el autor lo compraré y si no no...pero las tiendas de Fnac están a rebosar de gente. Gente joven, que no tiene miedo de comprar por internet pero que siguen prefiriendo la experiencia real de pasear entre estanterías. Gente que va a comprar un producto y sale con tres (algo que las tiendas online no han conseguido). Gente que se deja aconsejar por un vendedor y que en el caso de otros productos, quiere tocar físicamente lo que va comprar, comparar opciones y luego decidir.
Google, con todo su poderío en internet, aprendió bien la lección con el Nexus One. Fue un fracaso de ventas porque no se podía comprar en las tiendas, la gente no lo podía ver ni tocar ya que sólo se puso a la venta en la web de Google. Resultado: Un excelente competidor del iPhone que tuvo que dejar de fabricarse antes de tiempo por una política comercial errónea.
Por eso Apple se gasta una millonada cada vez que abre una tienda, y por eso les va tan bien. Porque cuidan al máximo la experiencia de compra del cliente. Se da la paradoja de que muchos productos que se venden bien en tiendas online lo hacen porque sus fabricantes se cuidan mucho de que el producto esté disponible en tiendas físicas también, para que el cliente pueda ir allí, decidir la compra, y luego buscar un mejor precio online. Es decir que, en muchos casos, el único motivo por el que el cliente acude a una tienda online es para buscar un mejor precio, lo que complica ciertamente las cosas.
Creo que para abrir una tienda, sea online u offline, uno tiene que haber sido vendedor primero. Sólo así se conoce con exactitud lo que desencadena el impulso de compra en el cliente y se puede saber cómo y de qué manera se puede 'replicar' ese impulso a través de una web. Algo que, de momento, muy pocas han conseguido.
domingo, 5 de junio de 2011
B-web 2011: Éxitos, fracasos y polémicas.
No prentendo hacer un resumen de todo lo que se dijo allí (puedes consultar mi timeline en mi Twitter @javirocamora y ves lo que fui escribiendo en directo) sino dar una impresión más o menos general, sin saltarme los detalles picantes que son marca de la casa. Qué le vamos a hacer, yo no sé callarme cuando algo no me gusta o no lo entiendo, para mi desgracia a veces.
Quiero felicitar a @juanmerodio, @sfuetterer (Stephan Fuetterer, un "alemán de Benidorm" como él mismo se define), @abonauta (Víctor Salgado) y @rubenbaston por sus estupendas presentaciones y su habilidad para conectar con la audiencia. Aunque no estuve presente en sus talleres, por las referencias que tengo hago extensiva la felicitación a @pumarola (Francesc Pumarola) y @wicho (Javier Pedreira). Sin duda, todos ellos estupendos ponentes. También quiero hacer una mención muy especial a la presentación del caso de la crisis informativa de los controladores aéreos y cómo se gestionó desde la empresa Inforpress para Aena, realizada por @luisaarca (Luisa Rodríguez) ya que era la primera vez que lo hacía y, a pesar de los nervios, presentó una de las ponencias más interesantes y con contenido relevante de todas las jornadas.
Dado que si buscáis en Google o en Twitter vais a encontrar material más que de sobra para saber exactamente de qué habló cada uno, no voy a hacer un resumen aquí. Se habló prácticamente de todo: Situación actual de los social media, seguridad y confidencialidad en la red, cómo medir el impacto y el ROI de tus acciones, la gestión de la reputación online, las aplicaciones para móviles, la publicidad online...
En cuanto a los fracasos, un ataque de amnesia repentino ha hecho que se me olviden los nombres de los ponentes que se hundieron como el Titanic, pero ahí van algunos apuntes ( a buen entendedor..)
- Si juntas a tres publicistas en una mesa redonda, sucede como con los pavos reales. Cada uno exhibe sus plumas y los demás estamos allí de adorno.
- Por favor, ya basta de ponentes que vienen a hablar de lo suyo y sólo de lo suyo. ¿Es que la organización no se entera o es que tienen que pagar un peaje?
- Si eres ponente y empiezas tu disertación disculpándote por lo espeso del contenido, y sigues disculpándote, y encima eres monocorde hablando, la gente se duerme. Literalmente.
- Los que asistimos a ponencias queremos que se nos aporten cosas concretas que sean útiles. Una conferencia llena de generalidades, sin bajar a lo concreto, no deja ningún recuerdo en la audiencia, excepto que hemos perdido el tiempo.
- Hay algunos proyectos online que antes de haber nacido ya se creen la repanocha. Les oyes hablar y parece que tengan una multinacional, cuando lo que están montando es una tienda online y además, especializada en un sector que no es de gran consumo. Acordaos: Lo que te mata no son las alturas, sino los suelos (al estamparte contra ellos).
domingo, 27 de febrero de 2011
Reflexiones tras Compostweets: I Encuentro Social Media de Galicia
Fue mucho lo que se dijo allí, y después de madurarlo un poco me gustaría compartir algunas reflexiones.
Antes de entrar en el fondo de los temas tratados, unos cariñosos tirones de orejas sobre la forma. Creo que la magnitud que el evento acabó teniendo pilló algo desprevenida a la organización, sobre todo en lo que se refiere a las mesas de debate. Hubo la impresión de cierta improvisación en la forma de abordar los temas, que obviamente no estaban suficientemente bien preparados por algunos participantes, quizá porque se escogió un modelo de debate totalmente abierto desde el principio, sin una presentación adecuada de los temas por parte de algunos ponentes a los que las preguntas de los asistentes pillaron con el paso cambiado y sin saber muy bien qué responder y sin que el moderador tuviera recursos para ayudar. Para sucesivas ocasiones, pensemos que la inmensa mayoría de los asistentes usan las redes sociales desde el ámbito profesional y esperan contenidos algo más elaborados y útiles desde su perspectiva profesional. No se trata, pues, de un encuentro de gente que usa Twitter, sino de gente que ve en las redes sociales una herramienta para su trabajo.
Hablemos del contenido de lo que se dijo, o más bien del trasfondo, que creo que es lo que importa. Las redes sociales son un fenómeno de alcance global cuyo éxito casi nadie vio venir. Podría entrar a discutir si son una moda, una burbuja o una revolución, pero creo que eso no importa en absoluto. La obligación de las empresas y los profesionales es adaptarse a las demandas del público, sea por el motivo que sea. Imaginemos que Inditex fuera refractaria a las modas, o que las marcas de coches siguieran teniendo la estrategia de marketing de hace 10 años porque consideren que la ecología es una moda pasajera o una burbuja. Las circunstancias cambian y el mercado cambia con ellas. Aún así, las empresas van a remolque de los usuarios de las redes sociales, resistiéndose en muchos casos a variar su estrategia o considerando que "somos una panda de frikis" (dicho por un responsable de NovaCaixaGalicia, toma ya!). Es decir, ¿los 13 millones de usuarios de Facebook, 8 millones de Tuenti y casi dos millones de Twitter somos unos frikis? ¿No será que cambiar el modelo de negocio (la vieja y conocida resistencia al cambio) les da pánico a muchas empresas?
Si algo ha traído internet, aparte de la globalización, es la rapidez. Los cambios, las modas, las nuevas tendencias se difunden a una velocidad diabólica y las empresas deben adaptar sus estructuras a esa velocidad. La socialización de internet, y por tanto el poder que el consumidor empieza a percatarse de que tiene, requiere concentrar esfuerzos en escuchar y dialogar antes que en difundir mensajes. En este sentido, las redes sociales ahorran tiempo y dinero a las empresas que las utilizan bien. Son una fantástica herramienta para conocer la opinión del mercado, identificar tendencias y líderes de opinión y adoptar una estrategia lo más cercana a la reacción en tiempo real. Eso implica cambios organizativos en las empresas a muchos niveles. Lamentablemente, como quedó de manifiesto en la mesa de medios de comunicación, son pocos los que lo entienden, y los que lo hacen dentro de una empresa se encuentran con la pared de la incomprensión de la alta dirección, que para no perder la costumbre, sigue de espaldas a la realidad. La cosa ha empezado por los sectores más sensibles: la industria de la música, el cine y los medios de comunicación están en una profunda crisis porque aún no se han dado cuenta, en los altos niveles, de que su negocio tradicional o está muerto o tiene los días contados. Pero no se quedará ahí con toda seguridad. Puede que cambien las herramientas y Twitter o Facebook decaigan en beneficio de otros sistemas que aún no conocemos, pero lo que está claro es que la socialización no tiene marcha atrás. En ese sentido, la única clave es adaptarse o morir.
Por otro lado, está el tema de los nuevos profesionales que están surgiendo al calor de esta socialización. Community Manager es un 'trending topic' económico en los últimos meses. Ya he hablado en otros posts del tema y no voy a insistir en ello, pero creo que todavía queda mucho por definir en esa profesión. No tanto en sus funciones, como en su 'engagement' dentro de la estructura de las empresas. Creo que es una figura necesaria, pero no podemos descargar sobre sus sufridas espaldas el peso de monitorizar, escuchar, hacer de portavoz, interactuar, transmitir valores, etc y que el resto de la empresa viva de espaldas a él (o ella). Es necesario que toda la estructura de la empresa se comprometa, conozca y valore su trabajo, que todos ellos participen de una u otra forma. Las empresas son grupos de personas y la atención al cliente en las redes sociales no puede depender de uno sólo. Es decir, deben socializarse en su conjunto, y el community manager debe ser un puesto valorado y respetado como el puente entre la comunidad online y la empresa, pero no ser el único que participe. Es un puesto de relevancia estratégica si queremos ser respetados y mantener una reputación online.
Resumiendo: Queda mucho por andar, pero no es cosa de ir pasito a pasito. Internet no funciona así. Hay que pisar el acelerador y convencerse de una vez de que una buena parte de la vida social de todos, personas y empresa, se desarrolla ya en la Red y eso no va a cambiar. Pongámonos las pilas!
domingo, 20 de febrero de 2011
Innovación y emprendedores.
No estoy para nada en contra de los emprendedores, como no estoy en contra de que el sol salga por las mañanas. Sin emprendedores, entendidos como personas que tienen una idea, creen en ella y se arriesgan para ponerla en marcha, no habría actividad económica. Yo mismo soy un emprendedor bajo ese punto de vista, ya que trabajo como consultor y formador autónomo, sin la red de seguridad de una nómina mensual.
También quiero dejar claro que no hablo por hablar y sin conocimiento de causa. A lo largo de mi vida profesional, primero como comercial y luego como consultor, he visitado miles de empresas, la inmensa mayoría pymes, y he tenido oportunidad de hablar largo y tendido con muchos emprendedores.
Sin embargo, hay algunas cosas que me llaman la atención de un tipo determinado de emprendedores, que parece que hacen del emprendimiento su profesión. Evidentemente abundan más en unos sectores que en otros, pero su presencia en las redes sociales es cada vez más ruidosa, y me parece peligroso que cierta idea de cómo debe montarse un negocio se extienda.
No cabe ninguna duda de que una de las claves del éxito de cualquier negocio es la innovación. En eso estoy plenamente de acuerdo con ellos. Con lo que no comulgo tanto es con la obsesión de innovar porque sí, y sobre todo en centrar la innovación en el producto. Empresas que son un referente por su éxito, como Inditex, Mercadona o la propia Google son ejemplos de cómo aplicar la innovación no sólo a los productos (Inditex vende ropa y Mercadona es un supermercado, nada innovador en ninguno de los dos casos), sino a otros aspectos del negocio como la gestión de recursos humanos, la logística, el marketing o el proceso de producción. Ahí es donde entra mi reproche a los emprendedores con etiqueta, que parecen obsesionados con una cosa: producto, producto y producto. Me he topado con muchos, muchos emprendedores que tenían muy clara cuál era su idea del producto, pero nada clara su idea de negocio, que es mucho más que tener un producto o un servicio innovador o atractivo.
No estoy hablando del infausto "que inventen ellos", sino que emprender significa tener una visión global del negocio y no lanzarse a la piscina sin comprobar si tiene agua suficiente, alimentados por subvenciones y sin tener claro ni el plan de marketing, ni un estudio de mercado serio, ni un equipo adecuado para llevar a cabo los desafíos que montar una nueva empresa suponen.
En España el 50% de las empresas no sobreviven a sus primeros cuatro años de vida (Fuente: Cámaras de Comercio, Informe sobre la demografía empresarial en España). ¿Significa eso que la mitad de las empresas que se crean no son buenas ideas? Rotundamente no. Creo sinceramente que las causas de la elevada mortalidad de las empresas está en problemas estructurales y de cultura empresarial. Lamentablemente seguimos, incluso en las empresas más jovenes, adoleciendo de una falta de profesionalidad en la gestión, que se pretende sustituir por "empuje", "ganas", "mucho trabajo" y otros conceptos etéreos que, siendo necesarios, no son suficientes. Seguimos sin darle valor a una adecuada gestión económica y financiera, a una buena selección y motivación del personal y a una estrategia de marketing que permita el desarrollo del negocio.
Esto se pone todavía más de manifiesto en el caso de las empresas nacidas en el seno de la propia internet. Parece que no hemos aprendido del estallido de la burbuja de las puntocom en los noventa, y asistimos ahora a un auténtico aluvión de nuevos negocios en internet con una viabilidad más que dudosa. Los esfuerzos que se han hecho desde las administraciones en materia de asesoramiento y exigencia de planes de viabilidad se han demostrado insuficientes. Muchos emprendedores gastan todo el dinero que reciben en subvenciones y su propio capital inicial en el desarrollo de producto, y luego se dan cuenta de que su plan de negocio no tiene nada que ver con la realidad o se han saltado aspectos fundamentales del mismo.
Especialmente en el caso del marketing, el desarrollo de una planificación adecuada y un buen estudio del mercado (tamaño, competencia, segmentación, identificación de clientes potenciales...etc) sigue siendo muy deficiente, cuando es un aspecto básico que debería desarrollarse en paralelo al propio desarrollo del producto a vender. En muchos casos me encuentro con miradas de incomprensión cuando le explico a un empresario que empieza que sus productos no van a venderse solos, y que no puede sentarse a esperar a los clientes: deben salir a buscarlos, y esa es la principal tarea de una empresa en sus primeros años de vida. Mientras este cambio de mentalidad no se produzca, seguiremos dándonos cabezazos contra la pared.
lunes, 24 de enero de 2011
La Ley Sinde y las reglas del mercado: Muchas preguntas sin respuesta
Venimos de un modelo en el que las grandes empresas mandaban. Ellos decidían qué teníamos que escuchar, qué películas teníamos que ver y quiénes debían ser nuestros ídolos.Y por supuesto, cuánto teníamos que pagar por ello. Tanto era así que los creadores que se salían del circuito comercial al uso no tenían más remedio que asumir que estaban condenados a no llegar al gran público, dado que no contaban con canales de distribución suficientemente potentes para ello.
Si algo ha quedado claro con el debate de la Ley Sinde, es que los defensores del "todo gratis" son muchos menos de lo que nos quieren hacer creer. El problema es económico, pero no por el dinero que supuestamente la industria deja de ganar por la piratería (que no dudo que exista, pero sin duda las cifras son menores de lo que dicen, ya que asumen que los contenidos que se descargan se iban a transformar automáticamente en ventas, y no es así) sino por el coste que tiene para ellos reconvertirse a un esquema de negocio diferente para el que a todas luces no están preparados. Resistencia al cambio pura y dura, revestida de hipocresía, porque no dudo de que tengan muy buenos expertos en marketing, y hasta un estudiante novato sabe que en productos de gran consumo las tendencias de mercado son prácticamente imposibles de cambiar. Así que me surgen una serie de cuestiones que no parece que nadie tenga interés en responder.
- ¿De verdad alguien cree que las ventas de CD y DVD, formatos moribundos ambos, van a repuntar? Lo mismo vale para la asistencia a las salas de cine.
- Se argumenta que el negocio de los contenidos online no prospera por la falta de seguridad jurídica, dada la competencia desleal del "todo gratis". En ese caso, iTunes, Spotify y tantos otros deberían haber cerrado ya hace bastante.
- Los consumidores de televisión están cambiando muy rápidamente sus hábitos. ¿Por qué tengo que ver mi serie favorita a la hora y el día que los programadores quieran? ¿Dónde está la alternativa legal y asequible a páginas como Series Yonkis?
- Un aspecto nada desdeñable de las descargas en internet es la posibilidad de acceso a contenidos descatalogados que no son accesibles por ningún otro medio porque han dejado de ser negocio. ¿Me garantizan las productoras el acceso libre a ese material?
- Una gran parte del material al que se accede por las webs llamadas 'piratas' es de muy mala calidad, con defectos en el sonido o la imagen. El problema es que NO hay disponible una alternativa de pago que me permita ver una película de estreno en casa.
- Las multinacionales del entretenimiento aún no se han puesto de acuerdo para poner sus catálogos a disposición del público de forma conjunta y armonizada, y no parece que estén por la labor de hacerlo. ¿Tendré que buscar en 17 sitios, o pagar 17 cuotas diferentes para poder ver cualquier película o serie?
- Si el mercado te obliga a vender más barato, tienes que compensarlo vendiendo más. Parece que a muchos "creadores" eso les da pánico. Ellos sabrán por qué.
- Si la crisis se prolonga mucho más, la revisión de toda la política cultural de todas las administraciones será inevitable. Veremos que pasa cuando mucha gente que no está acostumbrada a competir ni a las reglas del mercado tenga que hacerlo.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Socialmanía.
Hagamos algo de memoria. Allá por el año 1995 se vivió un entusiasmo similar por todo lo que oliera a la entonces incipiente expansión de internet. Surgieron miles de empresas puntocom de la nada, con un modelo de negocio basado en el principio "hay que posicionarse ahora porque el crecimiento de internet va a ser exponencial y en un futuro muy cercano nos vamos a forrar" Esas empresas multiplicaron su valor en Bolsa, todos los días nos desayunábamos con noticias sobre compras y ventas millonarias (¿Alguien se acuerda de lo que Telefónica pagó por Lycos?) y todo eran grandes promesas de futuro. Había que estar en internet, había que vender online: los bancos, los supermercados, los modelos tradicionales de negocio tenían los días contados. En aquélla ocasión, no tan lejana, el boom fueron los portales: reunir en una misma web todo lo que el usuario iba a buscar en la red: noticias, búsquedas, tienda online... hasta que llegó la debacle, todo aquello se disolvió como un azucarillo y emergió de las cenizas un nuevo gigante que hizo de la simplicidad su bandera: Google.
Yo soy usuario y firme partidario de la socialización en internet, que nadie se equivoque. Creo que aporta muchas ventajas que, tan machacadas como están siendo últimamente, no voy a repetir aquí. Lo que no soy es un creyente, ni mucho menos un converso. Por eso me gustaría manifestar mis dudas ante algunos de los argumentos que más se oyen en boca de los SMM (social media maniacs). A saber:
- La estrategia en social media puede ser un complemento o la guinda del pastel, pero en la inmensa mayoría de los casos no puede ni debe sustituir a las estrategias tradicionales de marketing.
- Se publican todos los días informes elaborados por consultoras privadas con cosas tan sonrojantes como "el 80% de los consumidores confía en las redes sociales antes que en los anuncios para decidir una compra". Teniendo en cuenta que al 40% de los encuestados habrá sido necesario explicarles primero qué es una red social y cómo funciona, a partir de ahí que cada uno decida la credibilidad de esos datos....
- Ser usuario registrado de una red social no significa ser usuario activo de la misma. Si buscamos estadísticas de uso, tiempo de conexión, número de interacciones, etc, el número de usuarios que pueden ser 'targets' potenciales de una estrategia de marketing online es mucho menor de lo que parece.
- Estar en Twitter o en Facebook a toda costa como parte de nuestra estrategia, para que luego el 80% del contenido que aportamos sean refritos (perdón, retweets), check-ins de Foursquare (a mí qué me importa si vas a Mercadona, si estás en la T4 de Barajas o comiendo en una pizzería) o comentarios personales, es contraproducente a largo plazo. Los usuarios valoran aquello que les aporta valor, y eso es tan cierto fuera como dentro de las redes sociales.
- Las redes sociales funcionan persona a persona. Eso implica trabajo, tiempo, dedicación y profesionalidad. Ojo, no me refiero solamente a profesionalidad como conocimiento del medio de difusión (que también), sino demostrar profesionalidad en los contenidos que se difunden. No podemos poner a cualquiera al frente de una estrategia de social media por mucho que sea un experto en ello. Debemos colocar en esos puestos a personas que conozcan nuestra empresa y sean capaces de interaccionar en tiempo real transmitiendo nuestros valores. Nos va la imagen corporativa en ello.
- Pregúntate qué uso hacen de las redes sociales los potenciales destinatarios de tu estrategia, y adáptate a ese uso...si puedes. Facebook sigue siendo, digan lo que digan, una red de la que se hace un uso lúdico en la mayoría de los casos. Entrometernos con publicidad directa en las relaciones personales es contraproducente. Debes buscar otras formas.
- De lo que oigas decir a los gurús, créete la mitad y aplica la cuarta parte. Internet está lleno de cadáveres que iban a ser un bombazo y resultaron una ruina ¿Alguien se acuerda de Terra?
- Cuando baje la marea, no todas las redes sociales sobrevivirán. He leído informes muy bien argumentados que auguran la desaparición de Twitter.
- Hace dos años nadie sabía lo que era un community manager. Pon en cuarentena a los supuestos especialistas que están apareciendo de la nada.
martes, 5 de octubre de 2010
Community manager
Aplaudo que muchas empresas tomen este tipo de iniciativas. Está claro que la Red lo ha cambiado todo, y que probablemente lo seguirá haciendo en el futuro, sobre todo en lo que se refiere a aplicaciones y sistemas móviles. Es probable que en un futuro no muy lejano veamos aparatos que integren todas nuestras necesidades de comunicación y que sean totalmente móviles. Como ejemplo de por dónde van los tiros, ver el "concept phone" de Mozilla Labs, el Seabird. De momento es sólo una idea, pero no parece muy descabellado que veamos algo así en dos o tres años.
A lo que iba. Me parece genial el concepto de CM. Creo que es una profesión con mucho futuro, dado el crecimiento exponencial de las redes sociales. No voy a escribir aquí sobre lo que las redes sociales suponen de desafío para las empresas: hay millones de posts al respecto y queda muy poco que decir.
Todo iba bien, hasta que llegaron los gurús de internet y la liaron. Estos chicos es que no pueden quedarse quietos. Con lo fácil que era ser comedido y aprender de todas las veces que se han equivocado antes. Si por ellos fuera, ya llevaríamos un chip implantado en la oreja para comunicarnos por teléfono (buscad en hemerotecas del año 2000, buscad), todos haríamos la compra por internet hasta el punto de que la mayor parte del comercio tradicional habría desaparecido, y la tecnología de una peli como 'Minority Report' ya sería cosa de andar por casa. Pues con lo de los CM, igual. Más madera: ¡es la guerra! Todas las empresas necesitan un CM ya mismo (según ellos). ¡¡No hay vida para las empresas fuera de Facebook!! O estás, o no existes!!!.... y otras, con perdón, chorradas semejantes.
Es lo que tiene la globalización. Que lees a un gurú de Silicon Valley y te crees que todo el monte es orégano. Vale, Facebook tiene 10 millones de usuarios. Vale, su crecimiento es exponencial. Vale, ya hay más hogares conectados a la Red que sin conexión....
Nos olvidamos de dos cosas: Que el 40% de los españoles no se ha arrimado a un ordenador en su vida, más allá de un cajero automático, ni lo hará nunca (la famosa brecha digital) y que el 80% de las empresas son pymes, microempresas en la mayoría de los casos, a los que les puede dar un ataque de risa si les dices que necesitan un community manager si quieren que su negocio continúe. Aunque les pese a algunos, la mayoría del negocio se realiza fuera de internet, y parece que sigue estando muy, muy lejos el momento de la "digitalización total" de los negocios. Desde luego, yo espero que no llegue nunca, puesto que el placer psicológico de salir de compras no se puede ver sustituido por la experiencia virtual. Al menos, para mí.
O sea, que sí, que hay que estar en Facebook si tus clientes están en él y te puede resultar útil para tu negocio. Si no, no deja de ser una paja mental.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Ryanair y el marketing viral
Como otras muchas declaraciones suyas (quería cobrar más a los gordos o que le permitieran transportar pasajeros de pie), es evidente que no tiene ninguna intención de llevarlas a cabo (habría que cambiar todas las reglas de aviación civil) pero ha conseguido, una vez más, lo que quería: salir en toda la prensa. Eso significa publicidad gratis, algo que cuadra perfectamente con el espíritu de una compañía "low cost". Se podrá estar o no de acuerdo con su política empresarial, con su forma de tratar al pasaje como si de ganado se tratase, con su curioso concepto de la geografía (hasta hace nada los vuelos a Girona se promocionaban en su web como vuelos a Barcelona, que está a 100 km, y lo mismo pasaba con París, Frankfurt, Londres...). Se podrá pensar lo que se quiera, pero no se puede negar que Ryanair ha conseguido hacerse una marca sin gastarse un euro en publicidad, a base de declaraciones llamativas, calendarios de azafatas en paños menores, organizar manifestaciones en contra de Iberia... sea lo que sea para que se hable de ellos, bien o mal, pero que se hable.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Lo que no se debe hacer en marketing: Dos ejemplos (un fracaso y un éxito)
No ha sido así para el sistema operativo Android (también de Google), que no para de crecer en usuarios y en terminales que lo utilizan, y que está llamado a ser la alternativa libre y abierta al cerrado y castrado sistema de Apple. Esto no es una predicción, sino una realidad demostrada por el imparable crecimiento de su número de usuarios.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Oportunidad perdida
El problema con la industria del entretenimiento y la información no es nuevo en realidad. Ha pasado algo similar en todos y cada uno de los sectores que han tenido que reconvertirse. Los empresarios no han sabido o no han querido hacerlo, y la solución fácil ha sido cerrar y mandar a la gente al paro. Me gustaría que quedara claro que no soy de los que dicen que la cultura es gratuita y que los derechos de autor no existen. Creo que los autores tienen todo el derecho del mundo a cobrar por su trabajo, y a decidir cuánto y cómo quieren cobrar. Sin embargo, creo que las multinacionales discográficas y las grandes productoras audiovisuales les están utilizando para tratar de mantener un modelo de negocio que agoniza. ¿De verdad piensan que si consiguieran cerrar todas y cada una de las páginas de intercambio, descarga o streaming, los cines se iban a volver a llenar y los CDs volverían a venderse como churros? Quieren obligar a los usuarios a comprar un CD, meterlo en su ordenador, convertirlo a MP3 y luego cargárselo en su iPod porque se niegan a reconocer que ese sistema de distribución ya no es válido para la mayoría de la gente. Por supuesto que habrá gente que siga comprando CDs, igual que ahora hay todo un movimiento de recuperación de la edición en vinilo porque a muchos les gusta su particular sonoridad, pero no se puede remar contra corriente.
La cuestión es que la solución está inventada (véase Spotify, como uno de cientos de ejemplos), pero o los responsables de marketing de estas empresas son idiotas o están cagados de miedo de que en el proceso de reconversión su cabeza salga volando. Internet es un canal nuevo de comunicación que requiere adaptación. No es verdad que en Internet todo sea gratis, sino que proporciona al usuario la capacidad de elegir lo que quiere ver, leer o escuchar. Quizá eso suponga el final de los "discos" tal y como los conocemos, quizá las películas tengan que grabarse directamente en video digital, pero sea como sea tendrán que pasar por el aro, ya que es una demanda masiva de los consumidores. Por mucho que quieran, no podrán obligar a los consumidores a hacerlo de la manera que ellos quieran. Ésa es la revolución de internet: los responsables de marketing están tan acostumbrados a manipular a los consumidores como quieren que cuando un medio se les resiste, en lugar de adaptarse intentan pelear contra él. Que no se enteran.
jueves, 26 de noviembre de 2009
¿Estrategia?
Algunos adorarán a Jesucristo y le llamarán Dios, otros venerarán a Isaac Newton o a Albert Einstein, o a Gandhi o a Bill Gates... hay cientos, miles de referentes. Incluso les erigimos estatuas, celebramos fiestas en su memoria y animamos a nuestros hijos a imitarles.
Hagamos un ejercicio mental: Cambiemos en el primer párrafo anterior la palabra "personas" por "empresas". No cambia mucho, ¿verdad?. Sólo que ya es más difícil citar varios modelos a imitar. Vale. Hagamos ahora el cambio por "países"...¿Se nos ocurre algún nombre? Uno, dos a lo sumo.
Si tenemos claro lo que resulta admirable de una persona y la convierte en referente, ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo mismo cuando en lugar de un único individuo pensamos en una colectividad?
Admiramos a las personas que desarrollan una estrategia. Tener objetivos claros no es más que eso. La capacidad de pensar a medio y largo plazo y de perseguir un ideal, de moverse según una escala de valores. El problema viene cuando pasamos del individuo a lo colectivo. Entonces hay que llegar a acuerdos, buscar puntos en común y objetivos comunes. Sin embargo, ¿no existe ni un sólo objetivo colectivo que tengamos en común, como empresa o como sociedad? ¿No nos enfrentamos, en ambos casos, a retos y desafíos trascendentales? ¿Por qué no somos capaces de pensar colectivamente ni siquiera a medio plazo?
El valor fundamental de la sociedad "occidental" es la especulación. Pensamos a corto plazo. Soñamos, como colectivo, a corto plazo. Ningún líder, ni empresarial ni político, se atreve a plantear objetivos a más allá de 5 o como mucho 10 años vista. Eso no es suficiente cuando vamos a necesitar más tiempo para resolver problemas graves como la desigualdad entre ricos y pobres. Ni siquiera la posibilidad creciente de que estemos cambiando nuestro planeta irreversiblemente y para peor nos moviliza. Al contrario, las acciones que emprendemos para afrontar el problema son también, de algún modo, especulativas. Creemos que con cambiar las bombillas por otras de bajo consumo y usar bolsas reutilizables para hacer la compra ya hacemos algo. Sin duda es una contribución, pero no es suficiente. Nos enfrentamos al reto trascendental de decidir qué tipo de mundo queremos legar a nuestros hijos y nuestros nietos, y sin embargo no somos capaces de tomar decisiones. Los políticos porque son incapaces de pensar más allá de las próximas elecciones. Los empresarios porque son incapaces de pensar más allá del año que viene (y eso en el mejor de los casos).
¿Hay lugar para la esperanza, o dejaremos que la civilización que hemos construido se marchite por nuestra miopía social?
Yo creo que sí hay esperanzas de cambio, pero desde luego ese cambio será de abajo arriba, y no al revés. Tendremos que ser nosotros los que impulsemos los cambios. Internet es una poderosísima herramienta para ello. Por primera vez en la historia hay un medio global de comunicación persona a persona, sin filtros, y lo que es más importante, que escapa de las censuras y el control político. Por supuesto, están intentando vendernos que Internet es el reino del corto plazo y la inmediatez, pero también podemos usarlo para que se extienda la conciencia colectiva sobre lo que tenemos que hacer hoy, y de forma urgente, para que exista un mañana digno de ser llamado como tal.
Podemos poner nuestros valores en común. Podemos marcarnos objetivos y asegurarnos de que se cumplen. Podemos cambiar las cosas, todavía. La semilla está plantada, sólo hay que regarla.
