Aunque es una polémica ya vieja y manoseada, viendo hoy un reportaje sobre la "teoría del diseño inteligente" me he puesto a pensare Es curioso cómo, con el paso del tiempo, la religión se va radicalizando en el fondo al tiempo que se moderniza en la envoltura. No deja de ser una paradoja que la separación entre la Iglesia y el Estado, hoy un paradigma de la libertad, tuviera su origen en grupos puritanos que buscaban alejarse de la que ellos consideraban corrupta iglesia oficial. Esa idea de "libertad para poder ser radical" cuajó en los países protestantes europeos y está en la raíz que dio origen a los Estados Unidos de América, fundados por sectas puritanas expulsadas de la anglicana Inglaterra por oponerse a la Iglesia creada por Enrique VIII que colocaba al rey como cabeza visible. Lo que en su día fue consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución americana y se considera hoy paradigma de la libertad, fue en realidad una forma de defender a grupos radicales minoritarios.
Paradojas aparte, la polémica de los últimos años sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), es sospechosamente parecida a la polémica de hace unos años (y que aún perdura) sobre la enseñanza del creacionismo (bajo el disfraz de la teoría pseudocientífica del "diseño intelgente") en la clase de ciencias de los colegios norteamericanos.
En el fondo, es el mismo esquema del que hablaba al principio se repite aquí: se reclama libertad para poder cercenar la libertad y colar de rondón, en nombre de la "libertad de conciencia" una serie de preceptos religiosos en las aulas. El "diseño inteligente", sostenido por un puñado de científicos disidentes ávidos de polémica para vender libros, va en contra de la gran mayoría de pruebas científicas que avalan la teoría de la evolución. El problema para los defensores del creacionismo no es que la evolución tenga lagunas, sino que no aceptan que el hombre sea fruto de la evolución, dado que la Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Partir de un precepto religioso, de una palabra "revelada" cuya comprensión sólo es posible a través de la fe, no puede considerarse científico en modo alguno. Despreciar las pruebas empíricas porque "no cuadran" con la verdad revelada, por muy disfrazado de ciencia que venga, va contra los fundamentos del propio método científico.
Lo mismo sucede con EpC. Si leemos el temario de la asignatura, todavía nos asomobrará más que la enseñanza de preceptos básicos de la constitución y el funcionamiento de las leyes, junto con principios básicos de interacción en sociedad como la solidaridad, la tolerancia y el respeto a los demás, puedan ofender los principios morales de nadie. Pero la religión no es la portavoz de la moral universal, sino de una moral particular y revelada por Dios.Con pretensiones universales, eso sí.
EpC se basa, simplemente, en las leyes aprobadas por el Parlamento para enseñar lo que está bien y lo que está mal, dado que esa es la única moral común que puede aplicarse. El problema es que la religión católica no acepta la moralidad de leyes como la del aborto o el matrimonio gay. Son esos dos puntos los que tanto rechazo generan entre los radicales cristianos. La cuestión es que, les guste o no, son preceptos legales, y los niños cuando crezcan tendrán que convivir con esas leyes. Como hay padres que no lo aceptan, no dudan en envolverse en la bandera de la libertad de conciencia para condenar esa asignatura por "invadir el ámbito educativo de las familias". Siguiendo el mismo razonamiento, los mafiosos podrían demandar al Estado por enseñar en las escuelas que robar, asesinar y extorsionar está mal. Es decir, esos padres tan cristianos quieren ser libres para enseñarles a sus hijos que algunas leyes están mal ( de lo que se deduce que no deben cumplirse). Por supuesto, al mismo tiempo defienden que la religión católica siga siendo una asignatura (optativa, pero asignatura) en los planes de estudios en la enseñanza pública. ¿Acaso no es la enseñanza de la religión algo que también pertenece "al ámbito educativo de las familias"?
En ambos casos, creacionismo y EpC, son los motivos religiosos subyacentes los que originan toda la polémica y las demandas judiciales. El puritanismo vuelve por sus fueros: apelan a la libertad, ésa que ellos no practican dentro de sus grupos porque a Dios no se le puede discutir ni interpretar, como un elemento para defender su radicalismo. Eso sí, cuando ellos estaban en el gobierno, no les tembló el pulso para aplastar y prohibir cualquier otra moral que no fuera la suya. Libertad sí, pero no por mi casa.
Como parece que es una batalla que tienen perdida, ahora contraatacan con el tema de la retirada de los crucifijos de las aulas, con el argumento de que "no molestan a nadie". ¿No es molesto y negativo para los niños que sus aulas estén presididas por una figura humana moribunda, ensangrentada y horriblemente torturada clavada a una cruz? A mí, personalmente, era una imagen que siempre me dio miedo de pequeño. Cuando mi marido y nos quedamos a dormir en casa de mi madre ella nos cede su cama de matrimonio, presidida por un crucifijo bastante grande. Aún hoy me parece terrorífico que lo primero que ves al despertarte es una cara ensangrentada, colgando de una cruz colgada de la pared y que mira hacia abajo. Decimos que las imágenes violentas no son buenas para los niños, pero parece que las imágenes religiosas están a salvo de todas las leyes y todos los preceptos que no sean los suyos propios.
Blog sobre marketing on y offline. A veces información, a veces opinión, a veces se me va la olla.
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
martes, 15 de septiembre de 2009
Al pie de la letra.
Somos seres religiosos, en el fondo. Nos gusta hacer profesión de fe a la primera oportunidad que se nos presenta. El mercado, las empresas, la comunicación son nuestros nuevos dioses. "No hay más Dios que la Web, y yo soy su profeta", claman todos los días desde los blogs cientos, miles, probablemente millones de sacerdotes de esta nueva religión en la que todos estamos metidos.
Estos nuevos profetas nuestros son casi igualitos que los profetas antiguos: cada dios tiene el suyo (o varios) que insiste en que él ha sido agraciado con la revelación divina y, por supuesto, el resto de profetas de otras religiones están equivocados.
¿Qué hacer ante semejante panorama? Si hacemos caso de lo que todos los gurús dicen que hay que hacer, no podríamos dedicarnos a otra cosa. Hay decálogos y listas de reglas para todo: "Las 22 reglas inmutables (toma ya!) del marketing", "Los 10 pasos para alcanzar el éxito en la empresa", "Decálogo de la innovación", "14 pasos para ser alguien en la Web".... Además, como no coinciden en todo, uno no sabe bien a qué carta quedarse.
Como siempre, interpretar como verdades inmutables las opiniones de un experto es algo que, probablemente, ni el propio experto que las escribió pretendía. Uno hace una lista o decálogo a modo de resumen de una manera de pensar o de enfocar los negocios o la comunicación, con toda la buena voluntad del mundo... y en pocos meses se encuentra, si esas ideas cuajan, con que tiene una legión de seguidores que se dedican a eso, seguir al pie de la letra, casi palabra por palabra, lo que creen que es una infalible receta de éxito. Es algo tan absurdo como pretender vivir como Don Quijote, creer que lo que dice el Génesis es literalmente cierto y no una metáfora o, tras leer Moby Dick, enrolarnos en un ballenero.
¿Significa eso que no hay que hacerles caso? Tampoco, ni mucho menos. Si creemos que hay sabiduría en algo que leemos, sea un blog, un manual de marketing o Moby Dick (que sería un enorme manual de habilidades directivas, por cierto), lo que debemos hacer en lugar de lanzarnos alegremente a seguir los pasos del profeta, es reflexionar. Pensar, vamos. Parece que en esta cultura global del "dámelo hecho, dámelo ahora y mañana dame otro" queremos dedicarnos a consumir pensamientos precocinados. El buen cocinero no es el que se compra un libro de recetas y sigue milimétricamente las instrucciones aunque no haya cocinado nunca antes. Ese camino lleva directamente al fracaso (y a la llamada a Telepizza) y lo que es peor, a la desilusión. A cocinar se aprende friendo huevos y cociendo patatas, y a partir de ahí se desarrolla la intuición que permite entender una receta e interpretarla según nuestro gusto o experiencia. Lo mismo sucede con los manuales de la web 2.0. o el e-marketing. Aprendamos primero los pasos básicos de la comunicación a secas, del marketing a secas, de la gestión y el liderazgo, desarrollemos la intuición y usemos los manuales para enriquecernos, no para convertirnos en talibanes.
sábado, 3 de enero de 2009
Con la iglesia hemos topado...
Hace pocos días, en lo que amenaza con convertirse en un evento anual de exaltación católica, hemos asistido al esperpento de la jornada/misa/manifestación que la iglesia católica organiza "en defensa de las familias" y los valores cristianos, al menos tal y como ellos entienden el cristianismo. En lo que se pretende que sea una demostración de poderío, la jerarquía episcopal española, con Rouco a la cabeza, reúne a miles de personas en Madrid para celebrar una misa al aire libre y de paso obtener unos cuantos minutos de televisión en prime time para difundir su mensaje.
Nada tiene esto de nuevo, todos conocemos de sobra la postura de la iglesia acerca del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Según la iglesia, elementos que pervierten a la moral y que destruyen a las familias como entidad indisoluble.
Obviamente, nada hay más contrario a la lógica que la religión. Si partimos del hecho de que el catolicismo se basa en unos textos, los evangelios canónicos, supuestamente escritos bajo la inspiración divina, que narran la historia del supuesto hijo de Dios, que además nació del vientre de una virgen, que siguió siendo virgen tras el parto y que además se quedó embarazada sin conocer varón, nos vemos obligados a desconectar la parte racional y lógica de nuestro cerebro si queremos sumergirnos en su doctrina.
Desde esta óptica resulta curioso que la iglesia pretenda utilizar argumentos lógicos para defender sus tesis. Muy débiles deben ser los cimientos de la fe de los propios dirigentes cuando necesitan "explicarse". De acuerdo con su propia naturaleza, Dios no necesita de explicaciones, y sus ministros tampoco deberían recurrir a la "ley natural" u otras falacias para justificarse. Si se supone que Dios habla por su boca, o al menos que ellos son los intérpretes autorizados para enunciar la voluntad divina, no es necesario que recurran a justificaciones mundanas para dar más credibilidad a sus argumentos, a no ser que éstos no sean tan "divinos" como nos quieren vender, o que ellos mismos no estén convencidos de lo que dicen.
¿Y qué hay de poco convincente en los argumentos eclesiásticos en contra de, por ejemplo, el matrimonio gay? ¿Cuál es el problema real que esto supone para la iglesia? Dado que sus previsiones apocalípticas no se han cumplido, que las familias en general siguen gozando de buena salud y que la sociedad tal y como la conocemos no tiene trazas de ir a acabarse en breve (al menos no por las causas que ellos dicen) debe haber otros motivos para que el hecho de que dos hombre o dos mujeres puedan casarse provoque una reacción tan violenta y agresiva. Intentaré analizar algunas de las que yo creo son causas ocultas que subyacen bajo todo esto.
Creo que si la homosexualidad se ve como algo normal en la sociedad, la iglesia pierde un enemigo. La gente podría ver que hay formas alternativas de vivir que son moralmente tan aceptables como las propugnadas por ellos. Además, no olvidemos que tradicionalmente la homosexualidad masculina (porque, como en otras muchas cosas, para la iglesia en esto parece que las mujeres no existen) ha sido una vía por la que la iglesia ha reclutado sacerdotes. Es una vía fácil y cómoda, que no obliga a casarse con una mujer, que justifica la soltería a perpetuidad y permite llevar una "doble vida" muy discreta. Es decir, la iglesia tiene miedo de perder el monopolio sobre el magisterio moral que ha ostentado durante tantos años.
Pero, ¿no hace ya mucho que han perdido ese monopolio? ¿Es España un país católico, o un país de tradición católica, que es algo muy diferente? Cuando ni el 20% de la población se considera católico practicante, cuando la mayoría de la gente sólo recurre a ellos para bodas, bautizos, comuniones y entierros, más como justificación de una reunión social que otra cosa, cuando incluso entre los creyentes se presta más atención a los rituales y las ceremonias que a la filosofía subyacente en la religión católica, está claro que algo va muy mal para ellos. Por mucho que griten y hagan aspavientos, por mucho que se refugien en una postura ultraconservadora, la sociedad ha seguido y seguirá su camino evolutivo sin ellos. Puede que dentro de 50 o 100 años, que es lo que la iglesia suele tardar en reaccionar, veamos cambios, pero quizá sea demasiado tarde para ellos.
jueves, 9 de octubre de 2008
Acerca del pensamiento crítico
La Historia es cíclica. A cada etapa de paz le sucede una de guerras, a cada tiempo de prosperidad le sucede uno de convulsiones y oscuridad, y así sucesivamente...
¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿Es coherente pensar que puede volver un 'periodo oscuro' en la era de la sociedad de la información y la globalización?
Creo que hay señales de alarma de que algo asi puede llegar a ocurrir. Una de ellas es el progresivo arrinconamiento del pensamiento crítico y metodológico en beneficio del pensamiento "mágico" y fabulador. Basta con creer en algo para que ese "algo" (sean OVNIs, fantasmas, seres extradimensionales...) se convierta en una verdad intocable y cualquier intento por abordarlo desde una perspectiva crítica y racional (enumerando hipótesis y viendo si la observación las confirma o las descarta) se convierte en un "ataque intolerable" de la ciencia llamada "oficial".
La arqueología nos enseña que el hombre, prácticamente desde que ha tenido conciencia de sí mismo, ha sentido el vértigo ante la muerte y la necesidad de consuelo espiritual ante la misma, de trascendencia más allá. La sucesión de hechos en apariencia inexplicables (el día y la noche, el movimiento de las estrellas, los fenómenos atmosféricos, etc) hizo que se empezaran a atribuir las causas de esos fenómenos a "entidades superiores", que con el tiempo dieron lugar a los dioses. Y con ellos llegó la magia. Los dioses no sólo eran los creadores o los responsables del movimiento del mundo, sino que interactuaban con el ser humano, respondiendo a sus plegarias y otorgándoles favores y peticiones.
Pero la era de tecnología y conocimiento en la que vivimos ha ido arrinconando cada vez más a los dioses y la magia. Cosas que hace uno o dos siglos sólo podían explicarse por la intervención sobrenatural son hoy perfectamente explicables a la luz del conocimiento científico. Estamos llegando a un grado de conocimiento íntimo de la estructura misma de la materia, sabemos cómo funciona la vida a grandes rasgos y podemos curar enfermedades que hace sólo 100 años mataban a todos los que las padecían.
¿Significa eso que no queda sitio para las religiones? Rotundamente no, por supuesto que queda sitio, pero es en el apartado espiritual, ético, moral y de desarrollo personal donde las religiones, la metafísica y la trascendencia juegan su papel.
El problema es que la necesidad de creer en lo sobrenatural es muy fuerte y muy arraigada en el ser humano, y cuando la religión clásica ha dejado de ser creíble (dado su empecinamiento en aferrarse a dogmas y leyes concebidas hace muchos cientos o miles de años), nuevos "dioses" hn venido a sustituir a los antiguos. Cada vez son más los creyentes en pseudorreligiones, sectas y creencias como los extraterrestres, que han venido a colmar las expectativas de trascendencia no satisfechas. Puesto que vivimos en una era tecnológica, los nuevos dioses son tambien tecnológicos, seres superiores que dominan tecnologías muy avanzadas pero que están aquí para cumplir el papel de siempre: velar por el ser humano, cuidar de nosotros, instruirnos o "intervenir" para evitar que el ser humano se autodestruya. La nueva religión es una mezcla de ecologismo (desde mi punto de vista mal interpretado), tecnología, aviso del "fin de los tiempos" o del "primer contacto"... y, como todas las religiones, tiene sus sacerdotes canalizadores del mensaje divino: aquellos a los que los dioses (o los extraterrestres en este caso) hablan directamente.
Los medios de comunicación colaboran activamente a difundir estas nuevas creencias, carentes muchas veces del más mínimo espíritu crítico o escepticismo hacia los contenidos que difunden. Son mayoría los ciudadanos de países occidentales que creen que los OVNIs son artefactos extraterrestes que nos visitan, nos vigilan o incluso nos supervisan. La atracción por el misterio, por lo oculto, por los conocimientos arcanos se hace más poderosa cada vez...
Tomemos como ejemplo el LHC, el nuevo acelerador de partículas del CERN que sustituye al antiguo LEP, en ambos casos las máquinas más potentes jamás construidas. Su puesta en marcha el mes pasado desató una oleada de "miedo al fin del mundo", en este caso porque se dijo que podría llegar a crear un agujero negro artificial que devorara el planeta. Los medios dieron pábulo a las protestas, en muchos casos sin contrastarlas con las opiniones de expertos, alimentando el espectáculo.
¿Y los científicos? ¿Por qué no reaccionan? Muy sencillo: los científicos son cada vez más técnicos y menos didácticos. El CERN, la mayor fábrica europea de ciencia, de donde han surgido desde Internet (que se inventó allí) hasta los escáneres de emisión de positrones (PET) o los aceleradores lineales que se usan en los hospitales para diagnosticar y curar muchos tipos de cáncer y otras enfermedades, es una institución desconocida para la mayor parte de los europeos. El que debería ser el buque insignia de nuestra ciencia y orgullo de todos (puesto que todos lo pagamos con nuestros impuestos) realiza tímidas acciones didácticas. Lo mismo sucede con otros muchos centros de investigación en el mundo. Encerrados en sí mismos, alejados de la sociedad, sintiéndose agredidos por los nuevos apóstoles de la pseudociencia, su reacción no ha sido la que cabría esperar: información máxima, esfuerzo por explicar lo que hacen (ya, la física cuántica es muy complicada, pero no imposible de explicar). Para colmo, muchas asociaciones de escépticos caen en el insulto fácil hacia las creencias de millones de personas, calificándolas de "estupideces", "timos", "tonterías"... No es así como se rebate una afrimación errónea, sino explicando cuál es la línea de pensamiento y el método científico utilizado para descubrir, si no la verdad, al menos un atisbo de ella.
Me considero más crítico que escéptico. En palabras de un investigador (cuyo nombre no recuerdo), "hay que tener la mente abierta, pero no tan abierta como para que se te caiga el cerebro".
Mientras tanto, la involución en el pensamiento, la ausencia de crítica, las "verdades esenciales", cada vez están más presentes en todos los ámbitos, desde la publicidad a la política y, por supuesto, la religión. Monseñor Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, decía ayer en relación a Educación para la Ciudadanía que el principal problema que tiene la iglesia con esa asignatura es que no pretende enseñarle a los niños que hay una única verdad. Toma ya. Sin despeinarse.
Recomiendo encarecidamente la lectura de la obra del facellido Carl Sagan "El mundo y sus demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad", dedicada al análisis crítico de las pseudociencias pero, sobre todo, a enseñar cómo se desarrolla el pensamiento crítico y cómo funciona la ciencia. Para mí, una de las obras más clarificadoras que conozco.
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