lunes, 25 de mayo de 2009

Perspectivas (II) ¿Crisis? ¿What crisis?

La puñetera crisis es una de las patrañas más grandes que nos han colado a todos en los últimos 50 años. No es que no exista (no soy tonto y no se puede negar la evidencia) sino que los  que mandan, la casta dominante, que es la élite económico-política (lo escribo así porque cada vez es más difícil distinguirlos) nos está dando gato por liebre.
Veamos:
Nos han venido la moto de la "inevitabilidad" de las crisis en una economía de mercado, que todo es cíclico, que el sistema se autorregula, etc. Y somos tan, tan burros, que nos lo hemos creído. Vale que es difícil no creérselo cuando los que pagamos la crisis somos siempre los mismos. Pero este crisis tiene unos responsables claros que se han apresurado a montar una cortina de humo para irse de rositas y estafarnos en nuestras propias narices. 
Para empezar, deberíamos dejar de hacer caso a los analistas económicos. Poco antes de que empezara la movida abundaban los reportajes en prensa sobre el "milagro irlandés" y el "paraíso de Islandia", el lugar en el que mejor se vivía de la Tierra y en el que la gente era más feliz. Ahora los dos modelos económicos se han venido estrepitosamente abajo. ¿Dónde están metidos los gurús que nos incitaban a los demás países a seguir su ejemplo? Sorprendentemente siguen ahí, haciendo predicciones nuevas y recibiendo la misma atención mediática que antes. Por un lado todo el mundo, a toro pasado, sabía que iba a desencadenarse una crisis, pero nadie ha sido capaz de prever cuando, ni siquiera los poderosos gabinetes de estudios de los grandes bancos o las grandes corporaciones. Pero, sorprendentemente, ¡seguimos haciéndoles caso!
El problema es que, a cambio de beneficios materiales que tenían poco de real y mucho de virtual, hemos dejado que el zorro se haga cargo del gallinero. La crisis tiene responsables con nombres y apellidos, tanto en España como a nivel internacional. Los directivos de las grandes empresas, las agencias de valores y los grandes bancos, con su política de maximizar los beneficios rápidamente por un afán de lucro personal (tienen que cobrar sus bonus para pagarse el desenfrenado tren de vida que llevan) son los responsables directos de la situación. Sus decisiones erróneas, conscientes o no, nos han llevado a una situación límite. Sin embargo, las protestas sociales han sido casi testimoniales. Ni huelga general, ni manifestaciones... nada. La sociedad está anestesiada por las dosis de preocupación que esta misma gente se encarga de inocular en el sistema. Ni las leyes, ni las más elementales normas de gestión empresarial (gestión, no especulación) rigen para ellos. En el caso español, que es el que nos toca más cerca, los promoters inmobiliarios, esa gente que convertía en oro todo lo que tocaba, se apoderaron del sistema económico mientras nosotros nos hipotecábamos alegremente, animados por esa élite que nos prometía un negocio redondo y que además, vía bancos, nos proporcionaba una fuente ilimitada de financiación.
Nada fue un obstáculo para ellos. Contaminaron hasta la náusea a toda la clase política hasta que ya no es posible distinguir entre políticos y especuladores. ¿Estudias o promueves? parecía ser la pregunta de moda en determinadas clases sociales. Se cambiaron las leyes para "liberalizar el mercado" y los precios se dispararon. Y nosotros, a comprar como locos. Muchos paisajes que durante siglos se habían mantenido más op menos igual han sido destruidos irremediablemente, y además siguiendo el modelo menos sostenible de todos. Estos generadores de dinero virtual eran capaces de ganar millones de euros sin invertir NADA. Los bancos les prestaron toda la ayuda que necesitaron, olfateando el negocio rápido y fácil. 
Hace muy poco leí en la prensa que los ejecutivos de las grandes inmobiliarias, que habían perdido su empleo por el 'crash' del sector (ay, qué penita me dan) están siendo contratados ahora para dirigir las divisiones inmobiliarias de las entidades bancarias, que se encuentran cargadas ahora de patrimonio inmobiliario del que se tienen que deshacer para conseguir liquidez. Es decir, los mismos perros se intercambian los collares alegremente. 
Si quedara un ápice de moralidad y sentido común en la casta dominante, toda esta gente sería defenestrada y apartada de las responsabilidades.Tanto las políticas como las económicas. Es lo lógico, en una empresa si lo haces mal te despiden. Pero a ellos no, a ellos les contratan en otro sitio con sus privilegios intactos o aun mejorados. 
Los ciudadanos hemos olvidado que somos nosotros quienes tenemos el poder, y que es con nuestro dinero con el que se juega. Pero esa inyección de dinero virtual parece haberse acabado, y quizá si despertamos de la anestesia nos demos cuenta de que nos están arrebatando de delante de nuestras narices la oportunidad de cambiar el modelo económico a niveles sostenibles.
Pero la pregunta es ¿Es necesaria una revolución social para que todo cambie? ¿Cuánto costará, en dinero y en vidas humanas, una situación de esa naturaleza? El explosivo está, desde luego, preparado, y la mecha (la tan cacareada web 2.0 y la información rápida en tiempo real) lista para ser encendida. ¿Cuándo saltará la chispa?

domingo, 17 de mayo de 2009

Perspectivas (I). Superpoblación

Hoy por fin voy a ser coherente (para variar) y escribir algo relacionado con el título de este blog. 
Hay una antigua maldición china que dice "Ojalá vivas tiempos interesantes". Los chinos lo tenían claro: Los tiempos interesantes son tiempos de cambio, de convulsión social, de caída de imperios y surgimiento de otros nuevos. 
¿Hacia dónde vamos? Creo que de aquí a 20-30 años el mundo no será muy similar al que conocemos. Rollos new age aparte, estamos en un cambio de era, y no está nada claro cómo van a ser los tiempos que se avecinan, pero como ser un visionario de salón es gratis, ahí van algunos posibles escenarios que se me ocurren, partiendo de algunas situaciones actuales.
1- La superpoblación. 
De seguir a este ritmo, en 2050 seremos 9.000 millones de personas, según la ONU. ¿Cuál es límite de la sostenibilidad? Según muchos expertos lo hemos rebasado hace mucho. La inmensa mayoría de esos 2.000 millones de personas más nacerán en países pobres que muy difícilmente podrán hacer frente a mayores incrementos de población. Más población significa más presión migratoria sobre los países desarrollados. ¿Qué haremos si el ritmo de inmigración se multiplica hasta niveles insostenibles? Blindar las fronteras no parece servir de mucho, a la vista de las estadísticas, y plantea a muchas personas serias cuestiones éticas y morales. Por un lado están los que apuestan por la regulación de la inmigración por la vía policial o militar, el blindaje de las fronteras y las deportaciones masivas, pero eso tiene un límite. Por otro lado, los que piensan que los inmigrantes son tan personas como cualquiera de nosotros y tenemos la obligación moral de compartir nuestra exagerada riqueza con ellos, pero eso también tiene un límite, como estamos viendo con la actual crisis. 
En cualquier caso, la superpoblación, el hambre y la inmigración son una bomba de relojería que puede acabar reventando nuestra burbuja de bienestar. Todo el mundo conoce las recetas: cooperación, desarrollo, tecnología, pero después de más de medio siglo de descolonización en África, no parece que las cosas hayan mejorado mucho, entre otras cosas porque la ayuda que les prestamos viene con cuentagotas. 
¿Qué pasará si no hacemos lo que debemos hacer? Que los gobiernos occidentales tendrán que enfrentarse a un serio problema migratorio. Ya hemos visto que la presión migratoria es un excelenta caldo de cultivo para el populismo y la intolerancia. En el peor de los casos, podemos ver la vuelta de campos de internamiento, y políticas de control social. Algunos posibles escenarios que se me ocurren:
- Blindaje militar de las fronteras, que supondrá una serie de consecuencias políticas como el control de la información que llega a los ciudadanos (habrá que cometer excesos que no conviene que la gente sepa), acallar las voces discordantes como "antipatrióticas" y un claro deterioro democrático y social. Algo similar a Berlín, años 30. No olvidemos que Hitler ganó unas elecciones, lo que aprovechó para pegarle fuego al parlamento y abolir el estado democrático. 
- Vuelta a la administración colonial, obviamente por la vía de la fuerza. Imposición de estrictas medidas de control de natalidad en esos países, que usaremos como "graneros", tanto de alimentos como de mano de obra para los países desarrollados. 
-Acción coordinada de todos los países desarrollados para ayudar realmente a desarrollarse al Tercer Mundo. Hasta ahora no se ha producido, y además ¿soportará el medio ambiente que los países pobres consuman más recursos? Si todo el planeta alcanzara el nivel de desarrollo de los países más ricos, harían falta 2,5 Tierras para sostener a toda esa población. Los gurús de la tecnología nos prometen que el desarrollo tecnológico permitirá reducir el consumo de materias primas y alimentos a niveles sostenibles. Pero eso ya sucede y no parece haber mejorado la situación: En la actulidad cada vez se planta más maíz, soja y trigo transgénicos, y el hambre en el mundo no se ha acabado. 
Está claro que si queremos compartir el mundo con más gente, tendremos que cambiar nuestra forma de vivir, buscar un reparto más equitativo y reducir nuestro consumo. ¿Podremos mantener nuestro estilo de vida con menos recursos? 

viernes, 17 de abril de 2009

Danone y la pseudociencia.

Actimel cuida tus defensas. Eso dicen los anuncios de Danone, retorciendo el concepto de "defensas" para incluir en ella la flora bacteriana. Además, los anuncios de Actimel son deliberadamente ambiguos, al mostrar imágenes de personas resfriadas o con alegias que supuestamente están más protegidas con el famoso Actimel.
Actimel vende que las bacterias Lactobacillus Casei (o L.Casei) con las que está elaborado son de una variedad patentada por ellos a la que llaman "L.Casei Immunitass", evidentemente, para reforzar la idea de que el producto es beneficioso para el sistema inmunológico.
Por si quedaba alguna duda, nos ponen en el último anuncio a una presentadora de informativos que apela a su condición de madre y a los supuestos estudios científicos para demostrarnos que el Actimel ayuda a las defensas.
Empezando por el concepto de "defensas", es evidente que el intestino tiene sus sistemas de defensa. El primero de ellos, a nivel del estómago, son los ácidos estomacales que se encargan de matar a las bacterias que penetran con los alimentos que ingerimos. Incluidas las celebérrimas L.Casei, sean 'immunitass' o no. No hay pruebas de ninguna clase que demuestren que las bacterias llegan vivas al intestino. Los estudios científicos apuntan a un efecto probiótico, similar al de cualquier otro yogur. Es decir, ayudan a que la flora bacteriana del intestino se desarrolle correctamente. 
El problema empieza cuando Danone nos vende que "el 70% de las defensas están en el intestino". Evidentemente la afirmación es en sí misma cierta, si entendemos como "defensas" a todos aquellos mecanismos destinados a impedir la entrada en el organismo de agentes patógenos o nocivos. El problema es la confusión, en este caso deliberada y provocada, entre "defensas" y sistema inmunológico. Ahí es cuando las imágenes empiezan a ser engañosas: gente que se toma un Actimel para no acatarrarse porque en invierno ya se sabe, infografismo en el que el "equipo Actimel" identificado claramente como parte del sistema inmunológico, se dedica a destruir virus y bacterias....
Sencillamente es mentira. Si acaso, el único efecto probado de Actimel sobre el sistema inmunológico es indirecto: una mejor flora intestinal y, por tanto, una correcta absorción de nutrientes, perimte que la salud general del organismo ( y por tanto el sistema inmunológico) funcionen mejor. Pero ni Actimel ni ninguno de los otros productos con L. Casei (por cierto mucho más baratos y con los mismos efectos) tienen efecto alguno sobre la posibilidad o no de coger un catarro. Y, como diría Fraga, esto hay que decirlo.

miércoles, 8 de abril de 2009

Pseudociencia sexual

Hace poco, en el marco de un ciclo científico de conferencias en la Universidad de Alicante, la profesora de bioética de la Universidad Católica de Murcia (propiedad de la iglesia católica), pronunció una conferencia en la que, entre otras lindezas, decía que la homosexualidad es una enfermedad y que como tal debe ser tratada, y achacaba la causa de la homosexualidad a "gatillazos", "entorno educativo" y cosas por el estilo. No contenta con esto, utilizó dos argumentos que no me son desconocidos:
a) La homosexualidad fue retirada de la lista de enfermedades mentales en 1970 debido a presiones políticas de los colectivos gays.
b) La homosexualidad es un comportamiento desordenado contrario a la ley natural.
Las palabras de esta señora (numeraria del opus, por supuesto) se califican por sí solas y no merecen más comentario. 
Sin embargo, si merece comentario el uso de argumentos pseudocientíficos. En este caso, la 'falacia de autoridad' por la cual el hecho de que una persona sea una autoridad relevante o tenga muchos conocimientos de algo hace que cualquier afirmación de esa persona, justificada o no, tienda a darse por cierta.
En los sectores de opinión más radicales y jimenezlosánticos se da mucho pábulo a estas supuestas ideas 'científicas', y hasta tuvieron la desfachatez de llevar a comparecer en el Congreso, durante la discusión de la ley del matrimonio homosexual, al 'reputado' psiquiatra Aquilino Polaino, que instruyó a Sus Señorías sobre las terapias que utiliza para 'tratar' la homosexualidad.
Todo esto no hace más que desprestigiar a la ciencia al transmitir una impresión equivocada. Para que algo sea "científico" debe ser probado experimentalmente, y dichas pruebas reconocidas como válidas por el resto de la comunidad científica. 
En primer lugar, lo de la ley natural. ¿Dónde está escrita?. ¿Seguro que la homosexualidad no es un comportamiento natural? Muchos animales presentan espontáneamente ese tipo de comportamientos. 
Además, ¿qué es lo natural? Se supone que la diferencia entre algo "natural" y algo "artificial" es que lo segundo ha sido elaborado por el hombre. Todo nuestro comportamiento social, la educación, la cultura, toda nuestra organización como humanidad es artificial. Lo natural es ir desnudos o vestidos con pieles y vivir en cuevas. 
Y puestos a decir, lo natural no es, desde luego, renunciar al sexo y dedicar la vida a la oración y el éxtasis contemplativo de la gracia divina. 
No sé si la homosexualidad tiene o no una base genética. Hay estudios que apuntan en ambas direcciones. Una posible causa genética implicaría dotar de significado evolutivo a la homosexualidad, lo que es difícil desde la perspectiva de utilidad para la especie, a no ser que se trate de un mecanismo evolutivo para autorregular el crecimiento de la población.  Por otra parte, buscar el origen de la homosexualidad en causas ambientales o alteraciones fisiológicas no explica que el fenómeno homosexual se haya mantenido constante a lo largo de la historia, en todas las épocas y en todas las culturas.
En lo que sí hay consenso científico es en que la homosexualidad no es una enfermedad. Desde 1970 no hay ninguna organización internacional de salud que la considere como tal. Tampoco en España y, que yo sepa, no se han producido manifestaciones en la puerta de los colegios de psicólogos o en las facultades de medicina para presionarles a nada.
Lo más grave aún es que, amparándose en la libertad de cátedra, pretendan hacer pasar por científico lo que no lo es. Las opiniones, las creencias, la moral y la ética de cada uno son muy respetables cuando se presentan como lo que son, opiniones personales. Pero las verdades científicas son otra cosa.

lunes, 30 de marzo de 2009

La new age y la madre que la parió

Los tiempos cambian, y las pseudociencias evolucionan con ellos. La charlatanería y los curanderos tradicionales están de capa caída, siendo poco a poco desplazados por un nuevo tipo de tomadura de pelo: la charlatanería 'new age'.
El ocultismo y el pseudomisticismo barato se reinventan a sí mismos. Los casos de OVNIs cada vez son más esporádicos y ya no son comentados tanto por los medios. Hasta el programa de Iker Jiménez se ha pasado a la investigación de crímenes históricos y desapariciones misteriosas. Ahora lo que mola son las pseudoterapias de cualquier clase.
Hay una serie de reglas para convertirse en un gurú de la pseudopsicología 'new age'. Si las sigues a rajatabla verás como tu fama y, sobre todo, tu fortuna, se multiplican en poco tiempo:
1. No estudies psicología. Mejor aún, no estudies nada de nada y di que has ido adquiriendo conocimientos en tu incansable búsqueda de la verdad fuera de los circuitos oficiales.La verdad está ahí fuera, y si te la transmiten unos chamanes yanomamis en pleno alucine de ayahuasca, mejor. 
2. Declárate seguidor de alguna corriente psicoterápica, pero eso sí, tiene que tener un nombre muy rimbombante. Tienes mucho donde escoger: Programación neuroligûística o PNL, constelaciones familiares, bioenergética, rebirthing, hipnosis regresiva, risoterapia, o el colmo de la sofisticación: vegetoterapia caracteroanalítica (toma ya!!)
3. Escojas la terapia que escojas, asegúrate de que no se enseñe en ninguna universidad ni sea apoyada o reconocida por algún organismo científico. Esto sería fatal para tu reputación como terapeuta. Debes decir que la terapia que practicas ha sido "ninguneada" por la ciencia oficial porque tiene un enfoque más amplio y el método científico es demasiado estrecho de miras. 
4. Léete todos los libros del gurú fundador de la terapia de marras (todas tienen uno) y cítalo con frecuencia como si sus opiniones estuvieran demostradas y fueran incontestables. No importa que el gurú en cuestión no haya podido demostrar ninguna de sus afirmaciones, tú no buscas clientes, buscas creyentes.
5. Únete al primer movimiento antiglobalización que encuentres. Hazte vegetariano, macrobiótico o en su defecto un fan de la alimentación biológica. Con el pastón que vas a ganar podrás permitirte pagar 10 euros por un kilo de tomates biológicos. Por supuesto debes asegurarte de que tus intereses en esos campos son conocidos por tus clientes.
6. Cuando la gente te confunda con un psicólogo licenciado y con título, no les saques de su error. Simplemente deja que lo sigan creyendo por el sencillo método de no afirmar nada, pero tampoco negarlo. Simplemente, cambia de tema. Eso sí, hazte llamar "terapeuta".
7. Puedes ser terapeuta sin haber tratado a un paciente en tu vida. Es más cómodo y menos arriesgado dedicarte a dar conferencias, cursos y seminarios sobre la terapia que practicarla. 
8. Imprescindible: Tu terapia es global, trata cuerpo y mente en su conjunto y sirve para todo, desde solucionar un problema de pareja hasta curar el sida. Sobre todo destaca su valor en la resolución de conflictos, aunque no seas capaz de resolver ninguno seguro que hay gente que te escucha. 
9. Energías, inconsciente colectivo, conciencia colectiva, crecimiento personal, desarrollo emocional, arquetipos, felicidad, amor, perdón, paz interior... todas estas palabras clave deben repetirse constantemente en tu discurso.
10. No pretendas que lo que dices sea lógico ni, por supuesto que esté probado. ¿Que eres homosexual? Eso es por culpa de que tu madre tuvo un aborto de lo que iba a ser una niña, y la energía de esa niña no nacida permanece en la familia y acabas adoptando un rol femenino. ¿Que no encuentras pareja? Eso es porque alguna vida anterior está interfiriendo en tus emociones. ¿Que te ha dado un infarto? Eso es porque amas y no eres correspondido en la misma manera. Cuanto más delirante sea la explicación para los problemas, más adeptos conseguirás.
11. Monta todo un merchandising de libros, conferencias, seminarios, congresos, cursos técnicos, aplicaciones de tu terapia al mundo de la empresa... Es más barato que los amuletos y los aparatos energizadores, que ya no se llevan nada.
12. Si alguien te pide pruebas, hazte la víctima: El sistema de la ciencia oficial está dominado por las multinacionales farmacéuticas que prefieren que la gente compre Prozac a que haya terapias curativas como las que tú propones. Recuerda, no eres un charlatán, eres una víctima del sistema. Aun así, cita supuestos casos reales, acaecidos en otros países y publicados por otros gurús de la misma corriente que tú. Cita mucho a Freud y a Jung. Entremezcla en tus argumentos investigaciones científicas reales con conocimientos milenarios y filosofía oriental.  Por último, si te siguen pidiendo pruebas, haz una demostración de diginidad ofendida, di que eres un profesional y no tienes por qúe pasar por esto y lárgate antes de que se te vea el plumero. 
Si sigues estos consejos y sales a la caza del incauto (= personas perdidas, frustradas o descontentas con su vida, deprimidas, enfermas -en ese caso mejor con enfermedades incurables, si luego se muere dices que "no llegó a creérselo" y listo- y en general personas desencantadas de la religión pero que siguen buscando un sentido trascendente a su vida) verás como en un par de años te estás riendo de la crisis a carcajada limpia. Y de paso, de tus clientes.

miércoles, 11 de marzo de 2009

No hay atajos.

Tanto en lo profesional como en lo personal, todos buscamos atajos. Forma parte de nuestra cultura. La sociedad competitiva y esquizofrénica en la que vivimos nos ha educado para conseguir objetivos rápidamente y si no desecharlos y marcarnos objetivos nuevos. No importa el año que viene o el siguiente, lo que queremos lo queremos ahora. Toda la publicidad se aprovecha de esta necesidad, es más. su objetivo es crearnos necesidades nuevas.
No es de extrañar que, al calor de todo esto, los vendedores de sueños estén tan de moda. Disfrazados con metodología pseudocientífica a veces, o como técnicas ancestrales, han surgido cientos de "técnicas" y "metodologías" que bajo el eufemismo del "crecimiento personal", la "estrategia empresarial" o incluso la "gestión del conocimiento" nos ofrecen todo un abanico de posibilidades que nos prometen llevarnos a alcanzar nuestros objetivos, tanto a nivel personal como empresarial.
No tengo nada en contra del yoga, el tai-chi, el feng shui, la planificación estratégica, la gestión del conocimiento o cualquier otro de estos métodos. Lo que me da miedo es el uso que pretendemos hacer de ellos. 
Hay personas que sinceramente se han creído que por hacer algo de esto son mejores personas. Conozco gente que debe tener, según ellos, una vida interior fantástica, pero que en el resto de aspectos de su vida no se nota en absoluto. Han puesto a su experiencia interior por encima de sus experiencias físicas cotidianas, probablamente porque éstas no les gustan en absoluto. Creen que replegándose dentro de uno mismo encontrarán la manera de evadirse de lo que no les gusta o, lo que es peor, que a través de experiencias interiores van a mejorar su vida. 
A mí me suena pseudoreligioso, pero a religión mal entendida. Del mismo modo que se vio que no bastaba con rezar a Dios para conseguir objetivos en la vida ("A Dios rogando y con el mazo dando"), mucha gente acaba dándose cuenta que los problemas en la vida se resuelven, además de preparándose interiormente, afrontándolos.
A nivel empresarial es peor la cosa. No es que no se afronten los problemas, pero se ha extendido una especie de "new age" empresarial, pregonador del buen rollito como solución a todos los problemas, que pretende que los trabajadores no sólo vayan contentos a trabajar sino que se identifiquen con su empresa y se sientan orgullosos de ella. No diré que eso no sea posible, pues hay un puñado de empresas que lo han conseguido. Muchas som empresas familiares con varias generaciones en las que se ha establecido una cultura tradicional de "familia" con los trabajadores. Algo muy duro y que necesita de muchos años para desarrollarse. Algunas otras lo han conseguido creyéndose de verdad que las personas importan y creyéndose de verdad que las ideas de cualquier empleado son tan buenas como las de un directivo, caso, por ejemplo, de Google. 
Puesto que si queremos tener unos trabajadores implicados no podemos esperan cincuenta años, no nos queda más remedio que imitar a Google. Pero claro, lo hacemos mal. Como en la mayoría de los casos, los que tienen el poder, la "casta" dominante no cede posiciones por las buenas. ¿Admitir que una persona sin varios masters y títulos rimbombantes puede tener ideas tan buenas como uno de los alambicados directivos? ¿Creer que la experiencia del día a día es tanto a más valiosa que la sesuda planificación en los despachos? Ni de coña. Pero como algo hay que hacer, nos apuntamos al new age empresarial, ponemos en marcha acciones de responsabilidad social corporativa, redecoramos la oficina para que parezca una discoteca chill-out... pero no nos creemos nada de ello. Lo hacemos "para tener a la gente contenta", pero no tocamos un pelo sus condiciones laborales para que sus empleos sean menos precarios o sus salarios más justos. Queremos que asuman responsabilidades y nos quejamos de que no quieran hacerlo, pero no estamos dispuestos a compartir los beneficios. Ahora en época de crisis les pedimos un esfuerzo salarial y les regateamos el sueldo, pero nosotros no variamos un ápice nuestro estilo de vida. 
Es decir, que las empresas pregonan valores que sus directivos no cumplen, y mientras eso sea así, ya pueden poner aromateriapia en la oficina o presentar rimbombantes planes estratégicos, seguirán sin tener credibilidad.

jueves, 26 de febrero de 2009

vértigo generacional

Tengo 36 años, y a veces me siento jurásico. Me sucede cuando hablo con gente de menos de 25 años. Me cuesta entenderles y no me reconozco en ellos cuando yo tenía esa edad.  Sus esquemas, sus valores, su forma de ver la vida son muy diferentes de los de mi generación. Quizá esto sea lo que significa "hacerse viejo".
Se trata de gente que no sólo no recuerda la época en la que no había móviles (¿os acordáis, los mayores de 30, cuando el móvil era una cosa de pijos? ¿Cuando ir hablando por el móvil por la calle se consideraba una ostentación de mal gusto?), sino que han crecido con internet. Son la generación online, la que se comunica con sus amigos por Messenger o Facebook, la que hace amigos virtuales en cualquier parte del mundo, la del acceso instantáneo al conocimiento y la información.
¿Cómo los vemos nosotros? Como una generación que lo ha recibido todo hecho, que no posee la cultura del esfuerzo y la constancia, como una gente hedonista y sin valores...¿Realmente es así? ¿Nos hemos molestado en escuchar antes de juzgar? 
Ellos (y ellas) van a ser los dueños del futuro. Del suyo y del nuestro. Serán los que paguen nuestras pensiones (si es que cuando llegue a los 65 sigue habiendo pensiones y no se ha colapsado el sistema), serán los que hagan avanzar nuestra civilización, y lo que les ofrecemos es incomprensión y trabajo basura. Empleo precario y de baja calidad, falta de estabilidad laboral y nulo interés por sus preocupaciones es lo que la sociedad de hoy les ofrece. Las empresas (salvo honrosas excepciones) no han hecho un esfuerzo de adaptación y de comprensión, y siguen queriendo integrar en un esquema de valores de hace 30 años a gente que ni los comprende, ni los comparte. 
Estamos a la cola de Europa en productividad y en innovación y a la cabeza en paro. Todo el mundo está de acuerdo en que esto tiene que cambiar, que es URGENTE que cambie, pero luego no estamos dispuestos a cambiar nuestra forma de trabajar y nuestra cultura empresarial para adaptarla a los valores y los esquemas de la gente que es la principal fuente de innovación. Sencillamente estamos quemando alegremente el futuro, y luego nos quejamos cuando empresas de otros países que sí han entendido este cambio vienen y compran las nuestras.
Tenemos que cambiar nuestros esquemas educativos. Internet y la tecnología siguen siendo algo marginal en la educación, especialmente en primaria y secundaria, y no por el coste de implantar esa tecnología, sino porque nuestros formadores no se manejan bien en internet. ¿Alguien concibe algún trabajo dentro de 10 años en el que manejarse bien en internet no sea necesario? 
La generación Y (y no digamos la Z) nos exige valores nuevos. Exigen que su trabajo tenga sentido, que sirva para algo. Tienen la cultura de la solidaridad por encima de la competitividad (que ya vemos a dónde nos ha llevado), dan más valor al grupo que a la persona individual, y buscan sobre todo encontrarse a sí mismos. Buscan un trabajo en el que reconocerse y desarrollarse como personas, y no se lo estamos ofreciendo. Aplaudimos sus ideales, y luego nos damos la vuelta y les ignoramos. Queremos que se suban a nuestro carro, el de la economía especulativa y el crecimiento desordenado. Como si no hubiéramos cosechado sonoros fracasos pensando como pensamos y actuando como actuamos.